martes, 29 de octubre de 2013

Jazz, jazz, jazz

Jazz, jazz, jazz, caos insoportable. La vida poética del romanticismo caro en un vaso desangrado de alcohol se sobrepone al murmuro sospechoso  de un grito sin grito. Las pequeñas sensaciones de la suite treinta y seis quedan cubiertas por la embriaguez de un borracho sin bolsillos sacado de los pantalones de un Hollywood anoréxico. Jazz, jazz, jazz, eterna sabiduría traicionera. La avispa mortal, la mentira, la cosmogonía de los antiguos dioses, la ciencia supersticiosa actual, la vida y la muerte. Una princesa con cabeza de serpiente y corazón de león solitario. La pregunta histórica, la pérdida del ritmo, una improvisación que no puedo recordar, la cara de papel azul, o casi azul, del océano pacífico. El amor, ¿el amor? De los muertos que se agarran a una Vie en rose desgarrada de arcoíris y de escala de grises. Jazz, jazz, jazz, acuérdate de mí cuando te conviertas en el ladrón de los sótanos de los prohibidos e ilegales soñadores. Acuérdate de mí, jazz, que yo te presencio en el fondo del vaso y no libero mi lengua de tu amargor dulce. Los anónimos callejones de un poeta arruinado, sin hogar, sin altares y sin poesía. Jazz, tú eres poesía. Dunas del desierto saharaui que emigran de horizonte en verticales para recuperar su literatura, ¿perdida?, ¿robada?, ¿asesinada? Quizás, y quizás eso era poesía y no tú, jazz, tú no. Tú eras poesía, pero perdiste los poemas y te quedaste en música ¿poética? No hay convencimiento, no hay absoluto, no hay espejos en el fondo del vaso, hay cristal doliente con olor a putrefacto, hay desamor y traición. Hay, querido jazz, más caos que huele a mentira, huele apestosamente a mentira humana. Jazz, jazz, jazz, no agonices en los burdeles, tú nunca fuiste una prostituta de alquiler, ¡qué se prostituyan los poetas, no los poemas! Cisne rojo y negro, canción ¿de qué? De la nada, de la estúpida nada. Abismo inquebrantable que se olvidó del Sol y amó cómo jamás nadie había amado a una estrella, ni tan siquiera la astrología amó de ese modo al cosmos. Le Petite Prince francés, las canas de Sócrates y el coraje de un Borges. Perdí, jazz, perdí musicalidad y pagaré por ello el precio de un solo de saxofonista burgués. Teniendo en consideración la melodía del saxo callejero de la suite treinta y seis me atrevo a afirmar que nunca nada me había salido tan barato. La suerte del principiante o, como a mí me gusta decir, la astucia de un bufón negro. Sí, jazz, negro. El blanco pierde densidad artística, aunque no me reniego a la negociación de tales conjeturas, por el momento está fuera del campo de juego. El ajedrez al revés, dicen los pobres campesinos. El opium de un beso sin amor pero con espinas. Cuxi, cucuxá, xáxá. Jazz, jazz, jazz, somnífero de los perdidos, enfermedad cardiovascular con sangre azul. No, jazz, no es sangre de la realeza, es azul, la realeza la conserva negra pero la tiñe de azul para la confusión mercantil, como sostienen los poetas. Las prostitutas, jazz, las mismas. Je veux, je veux, je veux…y esta noche tengo la temible superstición de que uno de los dos morirá. Un duelo a muerte jazz, como los antiguos poetas, como el saxo que pagué a precio de regalo, como un sinfín de amor, pero con fin. A muerte, jazz, porque no hay vida sin morir un poco, porque hay que vivir para empezar a morir. El honor es mío por rivalizar al poema, y no al poeta, en un campo homérico. Jazz, esta noche, uno de los dos morirá y tengo la extraña certeza de que yo ya estoy muerto. Jazz, jazz, jazz.




Margalida Garí Font

2 comentarios:

JazzC dijo...

Molt bones paraules.
Molt bona entra d´any.
Salutacions.

empiezaposisla dijo...

Merci! :D