Y si esto fuese un poema, y si se apagaran estas luces que no iluminan ni
tu cara ni tus ojos, y si el palpar dejase de ser tan constante, y si nos
atreviésemos a desparramarnos de tanto amar, y si las ruedas de este viaje se
desinflaran, al fin, y pudiéramos caminar, y nos quitásemos los zapatos y empezáramos
a volar, con el miedo a caernos, pero sin mirar a bajo, como los pájaros, tal
cual.
Y si después cambiásemos la mirada, y nos viésemos a los dos, no nuestro
físico, ni nuestro vestir, pero nos viésemos como antes jamás nos habíamos visto,
porque estábamos tan ciegos, amor, tan ciegos que ni pudimos vernos. Pero si
nos callásemos, sólo nos callásemos para poder escucharnos, yo te escuchara tus
silencios y tú no dejaras de oír los míos. ¡Nunca habríamos conversado tan
extensamente!
Y si paseases conmigo, si pudieras ver este paisaje, este sol y este árbol,
si yo pudiera enseñarte como son, y si tu pudieras guardarlos en tus recuerdos,
no en el pasado, que se quedasen los recuerdos eternamente en el presente, como
esos cuadros de Miguel Ángel que se pintaron ya tiesos para siempre, y siempre
nos lo demuestran erizándonos la piel, sin entenderlos, pero traspasándonos.
Y si lográsemos nadar tan profundo que alcanzásemos el centro de la
tierra y tomásemos su calor en nuestros rostros, huyendo tan desesperadamente
del frío que nos causamos, últimamente, ya tantas veces. Y si dejaras de
pensar, del mismo modo que yo he dejado de hacerlo, y si bailásemos un vals en
el no pensamiento, ¿quién nos regalaría otra canción?
Y si estas palabras fueran muriéndose poco a poco, así como morirá un día
lo que sentimos, y si no te dijeran nada, y si no transmitieran, y su aurora
fuese transparente, casi invisible, más suave que la seda de la más exquisita
lencería. ¿Acaso no dispararías primero al criminal que permitió que el fuego
se extinguiera en nuestros corazones? ¿No correrías hasta perder todo el aire y
concentrar toda la energía muscular que te quedara para alcanzarle y dispararle
sin, ni tan siquiera, pedirle explicaciones? ¿Acaso no serías tú también asesino
si fuese tu corazón el rehén que estuviera sobre la mesa de intercambios
inoportunos?
Y, tan sencillamente, si esto no
fuese un poema, quizás, y solo quizás, lográsemos verlo como uno, así, sin más.
Margalida Garí Font
2 comentarios:
Snif Snif....quina bellesa...gràcies!
Moltes gràcies!
(acabo de descobrir com contestar els missatges xD)
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