viernes, 25 de septiembre de 2015

Sin embargos

Las palabras de hoy poco o nada tienen que ver con contar una historia o analizar otra pequeña pieza del corazón. Éste es, quizás, uno de esos relatos que empiezas sin ninguna esperanza de llegar a un puerto, ni tan siquiera de darlo como válido pero que existe un efímero porcentaje de que, al final, no esté tan mal darle una oportunidad de lectura.
La vida se puede resumir en sin embargos.
Hay que matizar, que los malos entendidos empiezan cuando todo se entiende. Hablar de La Vida, en mayúsculas, es hacer un uso a modo genérico del término. La vida es muchas cosas pero aquí solo se pretende tratarla como existir, convivir, estar de paso. Que cada uno escoja su mejor definición, ese no es el punto importante del día.
Decía entonces que la vida es un sin embargo constante, he aquí la punta del iceberg vayamos ahora a indagar qué superficie abarca su base.
El inicio es rápido, ni siquiera nos percatamos de él. Es un inicio sutil, pícaro, un Don Juan español. Empieza cuando nos suena el despertador por la mañana y se acaba cuando lo volvemos a programar por la noche.
06:30h p.m. en los casos más habituales. El sueño aún impregna nuestros ojos y el cerebro sigue haciendo uso de la blasfemia para pedirnos explicaciones de que habrá hecho él para que le interrumpamos el descanso. Allí se inicia todo. Hay que levantarse, es un deber y una responsabilidad ya sea para llegar al trabajo o para no perder la mañana debajo de las sábanas. Y, SIN EMBARGO, chantajearíamos al tiempo si así pudiéramos para convencerle de que nos regalara una, al poder ser dos, horas más de sueño.
Se inicia la rueda, no tiene frenos y somos perfectamente conscientes de ello. Ese punto nos destruye por dentro.
Nos dirigimos hacia el trabajo, a la Universidad, al Instituto, a limpiar la casa, a hacer la compra, al baño y al rebaño. Sí Newton o Marx nos pudieran ver se habrían ahorrado millones de neuronas en teorías infernales de mecánica y sociedad. No hay mejor robot que el propio ser humano, no hay mejor rata de laboratorio que la humanidad. Da Vinci lo supo y no le gustó el resultado, hasta Kurt Cobain dedicó parte de su legado a denunciar tal realidad.
Y SIN EMBARGO, con un pie tras del otro proseguimos él, perfectamente trazado, camino hacia nuestra rutina, nuestro confort, nuestra guarida protectora.
Una vez finalizada esa primera parte viene la segunda, volver a casa o a la biblioteca, incluso al segundo trabajo, da lo mismo. Volvemos dónde sea pero volvemos día tras día. Cuando, SIN EMBARGO gritamos por dentro.
¿Qué gritamos?       
Gritamos que queremos romper la monotonía, irnos a la calle del fondo, esa que siempre queremos ir a ver que hay pero que nunca hay tiempo.
Gritamos que el dinero es una basura, que nos crea dependencia y también la quita. Qué sin él pocas veces puedes dejar los sin embargos y con él aún menos.
Gritamos a alguien que nos enseñe la salida que por aquí no es y que por allí tampoco.
Gritamos que deseamos viajar, salir, empezar de cero, desde abajo del todo, da lo mismo. Res set y cuenta nueva. ¡Al carajo con todo! Aquí os quedáis, yo vivo.
Gritamos, gritamos, gritamos y gritamos tan fuerte que no se nos oye.
¿Por qué?
Porque, SIN EMBARGO, estamos muertos de miedo.
Esa es la clave de todo, la vida se resume en sin embargos porque estamos total y absolutamente asustados. Tenemos miedo a perder, a equivocarnos, a fracasar, a volver y a hablar.
El miedo es el principio y el fin del existir.
Hay que tener miedo para afrontar mejor el porvenir pero no hay que vivir con el miedo puesto, con el miedo controlando cada uno de nuestros movimientos. Impidiendo ir tachando  sin embargos de la lista.
Quién no reta al miedo, quién no le pone a prueba diciéndole: tú eres fuerte pero yo no lucho en esta guerra, búscate a otro adversario. Quien no le rompe los esquemas al miedo se pasa la vida saltando de sin embargo en sin embargo, como si de una partida de La Oca se tratara.   
Tú decides en que silla sentarte. Sí, solo tú, aunque intenten hacerte creer lo contrario.
Tú, tienes el poder. Tú.



Margalida Garí Font