miércoles, 19 de julio de 2017

Enfermeras y enfermeros de verano (y del año entero):



            Resulta que hace más de un mes que intento escribir algo parecido a lo que vendrá a continuación pero estamos en verano y las horas libres de nuestra profesión brillan por su ausencia. Así que, en primer lugar, pido disculpas por ser enfermera y tener una mierda de verano (y también pido disculpas a las preciosas playas de mi isla, Mallorca, que ya me mandan señales de humo por olvidarme de ellas. ¡Yo os quería playas!).
            En mi primer trabajo tuve una compañera que no paraba de repetirme que ella no se cansaba de decirles a sus hijos, nietos, bisnietos, vecinos e, imaginad que creencia más firme la suya, hasta a cualquiera que se cruzara con ella, que JAMÁS, estudiaran enfermería (para el que no se haya enterado, sí, hay que estudiar para ser enfermero/a y, además, cuatro malditos años que, curiosamente, se convierten en toda una vida de estudio).
            Para aquel entonces yo pensaba que esa enfermera era una dinosauro quemada (así llamo a las enfermeras que llevan más años que el vino tinto ejerciendo y sin ninguna gana) pero, viendo como está Europa y, España en particular, hasta creo que la dinosaurio no iba tan mal.
            Quiero que quede claro, adoro a mi profesión, es un trabajo profesional, intelectual, práctico, humano y, emocionalmente, orgásmico. Sin embargo, actualmente, gracias a los recortes, a la falta de una fuerza política e institucional, a los escasos efectos que causan todas las protestas de sanidad, educación, medio ambiente, etc. Y, gracias a la desesperación del trabajo de temporada, ser enfermera/o es casi equiparable a la práctica de masoquismo (pero sin placer).
            Me hacen una gracia esas compañeras y compañeros del curro que te dicen:
“Tia, tú, en verano, abarca todo lo que puedas y más, trabajo que te ofrezcan, ¡cógelo!, que muchos después se quedan.”
            Así estamos, que en verano te llama la mujer de la bolsa (casi siempre es una mujer y de las amargadas), te ofrece una mierda de contrato. Un día, una semana, un mes ya es la hostia, y si le dices, me lo tengo que pensar, prefiero esperar a que salga algo mejor, en la unidad que me gusta, etc. Ella te contesta con esa voz de ángel y demonio a la vez: ¡Como quieras pero ya no te llamo más! pibpibpib…Y después va tu amiga y te dice, lo ves tia, hay que abarcar. ¡ABARCAR!
            Pues os diré una cosa, querida España, queridos pacientes, queridos compañeros/as, querido todo aquel que lea esto y queridos y punto. Prefiero trabajar de camarera (que es un trabajo bien respetable si las condiciones laborales son óptimas, que esa es otra…), a que tenga el imperativo de abarcar en mi vida.
            Y lo digo siendo consciente que en Julio y Agosto no tengo ni un día libre, ¡ni uno! Juro que cuando acepté no lo hice por abarcar sino porque echaba tan de menos a mi profesión después de un invierno con tiempo pero sin pasta que hasta me apunté al curso de OPOS (otro error que recomiendo no hagáis, creo recordar libros de la ESO en inglés más entretenidos que esa tortura de curso. Estudiar el libro ya fue tarea imposible, era empezar a leer y dormirme antes de acabar la tercera palabra…)
¡Cuánto me acordé de la dinosaurio este invierno!.
Así que me ofrecieron cubrir vacaciones, pac, ambulancia, y no pude resistirme.
            Me duró una semana la añoranza enfermeril
            Después está la otra parte.
Eres enfermera/o = Sirves para todo.
Para mirar la tensión a un paciente que viene por constipado (¿para qué señoras y señores facultativos?), para estar de mañana en urgencias, de tarde en pediatría y de noche en quirófano con un extra de fin de semana en el centro de salud, para coser un botón de la bata que se sujeta sola porque es la única que tu supervisora se ha dignado a ofrecerte (tamaño XXL para que quepas muchos años), para llamar al de mantenimiento, para comprar un ventilador y no ser un maldito queso fundido, para meditar entre médicos y pacientes, para hacer yoga entre y entre y para volverte adicta/o al café aguachirri.
Eres enfermera/o mi amor, multiusos se queda corto a tu lado.
Ironías aparte, España, Europa, mundo, ¿Sabéis que pasa cuando las cosas se hacen así de mal?
Que vas tan cansada/o que es IMPOSIBLE que realices bien tu trabajo, que se hacen las cosas a medias y con prisas, que no llegas a centrarte en un lugar, a unos compañeros, a una rutina. Que no tienes una vida más o menos tranquila y estable en al menos quince años cuando ya estas para la jubilación, que tu familia ya no sabe si tienes el pelo rizado o liso, si eres su hija o su vecina, si les quieres o les odias porque ellos no lo entienden, ellos quieren que estés allí. Que tus amigas te quitan de todos los grupos de whats up porque total, pa’ lo que te van a ver…
Eso pasa, todo eso y mucho más que prefiero quedármelo para mí.
Sin embargo, resulta que trabajamos con  DERECHOS HUMANOS, la salud, la dignidad, la libertad. Trabajamos con personas, con personas susceptibles de enfermedad, enfermas o prevención y promoción de esas enfermedades. De todas las edades, en todos los momentos del ciclo vital.
Cuando tu estés con un yeso en el hospital, tendrás todo un equipo sanitario que te cuidará, cuando estés con gripe también, cuando tu hijo se ponga enfermo también estaremos allí, cuando tu padre este en sus últimos días te acompañaremos que no hay nada más precioso que acompañar en los caminos…siempre que tengas una duda, un momento de salud complicado o un imprevisto, siempre, siempre, siempre, nos tendrás a tu lado.
Muchos otros prefieren estar en otros lados en esos momentos y nosotros decidimos hacer de ellos nuestra profesión. Porque amamos lo que hacemos, porque lo hacemos como si tú fueras nuestra familia. Pero no así, no de esta forma…
Queridos países, por favor, despierten.
Vayamos a darle motivos a la dinosaurio para que convenza a todo el mundo de que lo que hay que ser es enfermera. Qué, ¿por qué?
Porque es una profesión con alma y para cuidar, para curar, lo primero que nos hace falta es tener alma. Lo demás, se aprende. 


Foto: Marzo 2017. Enfermeras españolas en República Dominicana.                                      

Margalida Garí Font

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