Resulta
que hace más de un mes que intento escribir algo parecido a lo que vendrá a
continuación pero estamos en verano y las horas libres de nuestra profesión
brillan por su ausencia. Así que, en primer lugar, pido disculpas por ser
enfermera y tener una mierda de verano (y también pido disculpas a las
preciosas playas de mi isla, Mallorca, que ya me mandan señales de humo por
olvidarme de ellas. ¡Yo os quería playas!).
En
mi primer trabajo tuve una compañera que no paraba de repetirme que ella no se
cansaba de decirles a sus hijos, nietos, bisnietos, vecinos e, imaginad que
creencia más firme la suya, hasta a cualquiera que se cruzara con ella, que
JAMÁS, estudiaran enfermería (para el que no se haya enterado, sí, hay que
estudiar para ser enfermero/a y, además, cuatro malditos años que,
curiosamente, se convierten en toda una vida de estudio).
Para
aquel entonces yo pensaba que esa enfermera era una dinosauro quemada (así
llamo a las enfermeras que llevan más años que el vino tinto ejerciendo y sin
ninguna gana) pero, viendo como está Europa y, España en particular, hasta creo
que la dinosaurio no iba tan mal.
Quiero
que quede claro, adoro a mi profesión, es un trabajo profesional, intelectual,
práctico, humano y, emocionalmente, orgásmico. Sin embargo, actualmente,
gracias a los recortes, a la falta de una fuerza política e institucional, a
los escasos efectos que causan todas las protestas de sanidad, educación, medio
ambiente, etc. Y, gracias a la desesperación del trabajo de temporada, ser
enfermera/o es casi equiparable a la práctica de masoquismo (pero sin placer).
Me
hacen una gracia esas compañeras y compañeros del curro que te dicen:
“Tia, tú, en verano, abarca todo lo que
puedas y más, trabajo que te ofrezcan, ¡cógelo!, que muchos después se quedan.”
Así
estamos, que en verano te llama la mujer de la bolsa (casi siempre es una mujer
y de las amargadas), te ofrece una mierda de contrato. Un día, una semana, un
mes ya es la hostia, y si le dices, me lo tengo que pensar, prefiero esperar a
que salga algo mejor, en la unidad que me gusta, etc. Ella te contesta con esa
voz de ángel y demonio a la vez: ¡Como quieras pero ya no te llamo más! pibpibpib…Y
después va tu amiga y te dice, lo ves tia, hay que abarcar. ¡ABARCAR!
Pues
os diré una cosa, querida España, queridos pacientes, queridos compañeros/as,
querido todo aquel que lea esto y queridos y punto. Prefiero trabajar de
camarera (que es un trabajo bien respetable si las condiciones laborales son
óptimas, que esa es otra…), a que tenga el imperativo de abarcar en mi vida.
Y
lo digo siendo consciente que en Julio y Agosto no tengo ni un día libre, ¡ni
uno! Juro que cuando acepté no lo hice por abarcar sino porque echaba tan de
menos a mi profesión después de un invierno con tiempo pero sin pasta que hasta
me apunté al curso de OPOS (otro error que recomiendo no hagáis, creo recordar
libros de la ESO en inglés más entretenidos que esa tortura de curso. Estudiar
el libro ya fue tarea imposible, era empezar a leer y dormirme antes de acabar
la tercera palabra…)
¡Cuánto me acordé de la dinosaurio este
invierno!.
Así que me ofrecieron cubrir vacaciones,
pac, ambulancia, y no pude resistirme.
Me
duró una semana la añoranza enfermeril…
Después
está la otra parte.
Eres enfermera/o =
Sirves para todo.
Para mirar la tensión a
un paciente que viene por constipado (¿para qué señoras y señores
facultativos?), para estar de mañana en urgencias, de tarde en pediatría y de
noche en quirófano con un extra de fin de semana en el centro de salud, para
coser un botón de la bata que se sujeta sola porque es la única que tu
supervisora se ha dignado a ofrecerte (tamaño XXL para que quepas muchos años),
para llamar al de mantenimiento, para comprar un ventilador y no ser un maldito
queso fundido, para meditar entre médicos y pacientes, para hacer yoga entre y
entre y para volverte adicta/o al café aguachirri.
Eres enfermera/o mi
amor, multiusos se queda corto a tu lado.
Ironías aparte, España,
Europa, mundo, ¿Sabéis que pasa cuando las cosas se hacen así de mal?
Que vas tan cansada/o
que es IMPOSIBLE que realices bien tu trabajo, que se hacen las cosas a medias
y con prisas, que no llegas a centrarte en un lugar, a unos compañeros, a una
rutina. Que no tienes una vida más o menos tranquila y estable en al menos quince
años cuando ya estas para la jubilación, que tu familia ya no sabe si tienes el
pelo rizado o liso, si eres su hija o su vecina, si les quieres o les odias
porque ellos no lo entienden, ellos quieren que estés allí. Que tus amigas te
quitan de todos los grupos de whats up
porque total, pa’ lo que te van a ver…
Eso pasa, todo eso y
mucho más que prefiero quedármelo para mí.
Sin embargo, resulta
que trabajamos con DERECHOS HUMANOS, la
salud, la dignidad, la libertad. Trabajamos con personas, con personas
susceptibles de enfermedad, enfermas o prevención y promoción de esas
enfermedades. De todas las edades, en todos los momentos del ciclo vital.
Cuando tu estés con un
yeso en el hospital, tendrás todo un equipo sanitario que te cuidará, cuando
estés con gripe también, cuando tu hijo se ponga enfermo también estaremos
allí, cuando tu padre este en sus últimos días te acompañaremos que no hay nada
más precioso que acompañar en los caminos…siempre que tengas una duda, un
momento de salud complicado o un imprevisto, siempre, siempre, siempre, nos
tendrás a tu lado.
Muchos otros prefieren
estar en otros lados en esos momentos y nosotros decidimos hacer de ellos
nuestra profesión. Porque amamos lo que hacemos, porque lo hacemos como si tú
fueras nuestra familia. Pero no así, no de esta forma…
Queridos países, por
favor, despierten.
Vayamos a darle motivos
a la dinosaurio para que convenza a todo el mundo de que lo que hay que ser es
enfermera. Qué, ¿por qué?
Porque es una profesión
con alma y para cuidar, para curar, lo primero que nos hace falta es tener
alma. Lo demás, se aprende.
Foto: Marzo 2017. Enfermeras españolas en República Dominicana.
Margalida Garí Font

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