miércoles, 28 de febrero de 2018

El silencio de una lágrima enfermera


Aprendí que a las palabras no hay que forzarlas, hay que escribirlas. Narrar implica tiempo.

            Tiempo para dejar que fluyan, para reordenar los verbos, eliminar los gritos, poner en negrita todos los derechos de página y hacer callar viejos imperativos.

            Escribir desde el respeto pero sin dejar leer olvido.

            Enfermera, que bonita palabra eres.

            Y que poco valorada estás.

            Hace unos días que intento darle letras a este escrito, pero como profesional y, sobre todo, como persona, a veces me cuesta perdonar.

Soy incapaz de perdonar a la osadía, a la injusticia y a la arrogancia. Encontrar palabras bellas para enmudecer a las malas lenguas.

A veces, perdonar no tiene fonética y hay que volver a empezar, ser profesional y sumar lo que otros siempre restan.

Pero hoy soy todas y cada una de las lágrimas enfermeras que un ayer callaron y ahora quieren hablar.  

Hablemos.

Me lo he planteado infinitas veces y aun no lo entiendo. Parece fácil y, sin embargo, se vuelve laberinto por la noche.

Tenemos la profesión más bonita del mundo, cuidamos de personas. Es nuestro defecto de fábrica y, ¡qué preciosa tara!

Entonces, ¿por qué?

Trabajamos en equipos multidisciplinares, muchos de ellos nos abren en canal de una forma tan precisa y minuciosa que Einstein se quitaría el sombrero.

En un quirófano se ven perfecciones equivalentes a la raíz cuadrada más exquisita.

En urgencias se pasa de la vida a la muerte en forma de suspiro y, a veces, hasta volvemos a respirar.

En los Centros de Salud se ha llegado a un grado de excelencia tal que permite prevenir el más cruel de los infartos.

Ayudamos a dar vida a bebés que solo tienen siete meses pero queremos que lleguen a los cien años.

 La psiquiatría ya no es sinónimo de satanás y las personas nunca dejan de ser personas a pesar de las múltiples etiquetas que aún perduran.

Paliativos nos ha enseñado que a la muerte no hay que temerla, hay que decirle “vete” algunas veces y, “aquí te espero”, en otras.

Siempre con amor.

Morir con amor es un vivir para siempre.

Sin embargo, sigo sin entenderlo.

Trabajamos con personas, reímos con personas, lloramos con personas, nos enfadamos con personas, jugamos con personas, soñamos con personas, nos empapamos de personas.

¿Por qué sigue habiendo tantos enfermeros y enfermeras, médicos y médicas, psicólogos y psicólogas…qué se olvidaron de la palabra empatía?

Nuestra profesión lleva la vida implícita.

Cuando alguien abre en canal, abre a una PERSONA.

Lo siento cirujanos y cirujanas, traumatólogos y traumatólogas, neurólogos y neurólogas, no es una mesa de carpintero.

Cuando alguien inyecta un fármaco, realiza una cura, una técnica invasiva, una explicación del por qué fumar mata, lo hace dirigiéndose a PERSONAS.

Lo siento enfermeros y enfermeras, no son almohadas para soñar.  

Antes, hace tiempo (demasiado), pensaba que las palabras empatía, humildad, humanidad estaban implícitas en todas las profesiones que trabajan con personas, pero al largo de mi carrera y de mi vida laboral me he dado cuenta de lo lejos que están esas palabras de algunas bocas.

Es triste, tan triste como que aun hoy la gente muera de hambre.

Pero claro, después analizo bien la situación y pienso, cómo se va a acabar la pobreza si ni siquiera se opera a una barriga con amor. Y, en el caso de que sí se opere con amor cuando la PERSONA despierta ese amor ya ha expirado.

El silencio de una lágrima enfermera son todos esos abrazos que deberían recibir las PERSONAS que trabajan con PERSONAS, para recordarles la lección número uno de nuestra profesión: que jamás se nos apague la llama.

Porque el día que dejemos de emocionarnos deberemos plantearnos dedicarnos a otra profesión porque en ÉSTA, la emoción es el primer y el último capítulo.

 Ya que quizás, algún día seremos nosotros quienes estemos sobre una mesa quirúrgica y ya me contareis que hace más falta, si la sutura más disimulada del año o el amor más perdido del mes.










Margalida Garí Font



CUIDAR también es CURAR.

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