jueves, 12 de julio de 2018

A veces tiemblo


A veces tiemblo.

Hay demasiada sangre derramada en una guerra cuando pienso que no debería existir ni la primera gota.

El consumo material que nos consumirá el planeta, el alma y la razón.

Personas a la deriva con todas las fronteras cerradas.

Tierra no firme, persona denegada, libertad no liberada.

Políticos que hablan, cuchichean, gritan, apuntan con su dedo como si ese fuera un arma de destrucción masiva. Y lo es. El dedo de la indiferencia.

Enfermedades olvidadas, jamás subvencionadas. No existen aquí, da igual si existen allí.

Océanos de plástico. El agua traga, sus animales callan.

Si no se ven, no existen.

Costas en forma de hotel, playas en forma de personas.

Personas con billetes de quinientos envueltos en arena dentro de sus bolsillos.

Niños y niñas que mueren de hambre. Sí, aun hoy. Sí, ahora.

Mujeres maltratadas, explotadas, vendidas, violadas, empequeñecidas, olvidadas.

Niños que tienen armas en contra de su voluntad. Obligados a matar en nombre de nadie.

Agua, no para todos.

Casa, no para todos.

Derechos, de nada.

Grandes industrias de ropa que substituyan a los grandes armarios de ropa que ya no queremos.

Mataderos XL porque alguien decidió que la vida y la muerte de cualquier ser vivo depende del márquetin de nuestras manos.

Vidas animales que existen en número cero.

Colmillos de elefante con sangre de marfil, zapatos de serpiente, hamburguesas de sueños. Todo multiplicado por infinito.

Deforestación del planeta.

Somos dueños y dueñas de la Tierra.

Y aunque la indiferencia no tiene nombres absolutos, a veces, tiemblo.

Porque temblar me mantiene viva, alerta, en guardia.

Con el lápiz cargado de tiza, con la defensa al punto de amor.

  
Margalida Garí Font










   

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