domingo, 25 de junio de 2017

El miedo de los elefantes.


Ayer soldé todas las fisuras que empezaban con tu nombre

sabiendo que en la comisura de tus labios reposaba la llave que las abría.

Con la esperanza, quizás necia, de que quererte sí cambiaba las cosas,

entendí que por mucho que me ondulase dentro de tus brazos,

 tus abrazos no eran para mí.



 Y esa convicción mundana siempre sugirió una alteración del todo.

Sin embargo,

hacer un uso tan responsable de la palabra amar no me pareció hecho a mi medida

porque resultaba que en mis despertares idílicos,

responsable y amar eran conceptos  del todo opuestos.



Pero aun así,

 había un tema central que mi mente no alcanzaba a entender.

Sí eso era amor en cualquiera que fuera su formato,

¿qué extraño motivo impidió que, las fisuras del alma, en vez de soldarse, curaran?



Resultaba que el amor era como los elefantes: precioso, fuerte y grande.

E igual que la magnitud del elefante perdía toda su gloria frente al diminuto ratón,

el amor se convertía en cobardía frente al miedo de ser desamor y,

en desamor,

quedarse.



Garí Font,
Margalida.

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