Mamá
Mis primeras lágrimas porque vivir era
cierto ya fueron acariciadas por ti.
Mi primer abrir de ojos encontró la
belleza de tu risa jugueteando con la mía.
Mis primeros pasos siempre sujetos a la
responsabilidad de tus brazos.
Mis días de hospital aun siendo bebé, acariciados
por todo el amor de una madre y la renuncia de todo su mundo para poder cuidar del
mío (el nuestro).
Papá, tu otra risa. Quizás la
más preciosa de tus risas.
Mi hermana, Bárbara, el entretenimiento
universal de nuestra casa y mi hogar preferido en todos los libros. Mi otro yo
que aun siendo antónimas nuestro puzle siempre encaja.
Mamá, tú y tus sueños empequeñecidos por
querernos a pesar de todas las riñas.
A pesar de la vida.
El amor cruzando todas las fronteras,
las horas de sueño, el cansancio inagotable y la mano que siempre me salva
cuando de coser corazones se trata.
Mamá.
¿Existe acaso palabra más hermosa
pronunciada por mis labios?
Hoy, dejaste caer el cuerpo en el sofá
como si así se pudiera descansar del peso de ser madre.
Nosotras, mi hermana y yo, te quedamos
mirando como si así pudiéramos devolverte un trocito de tus sueños, como si así
pudiéramos guardártelos y cuidarte la mitad de bien que tú nos cuidas.
Pero mamá, resulta que hagamos lo que hagamos,
tu amor nos sobrepasa, nos niega la tarjeta de devoluciones.
Y es que hoy entendí, al fin, que todos
los problemas del mundo se disuelven en una sola palabra y para mí, para mi
hermana y para papá esa palabra eres tú. Mamá.
Una palabra para todos los sentidos,
el sentido de todas las palabras.
Esa es, la única manera que tenemos para
agradecerte todo, incluido la vida.
Insuficiente sí pero es que con solo ver
el brillo de tus ojos al escuchar llamarte por tu nombre no hay cielo que no
perdone todos nuestros pecados.
Porque mamá, tú eres el hogar dónde siempre
podemos volver.
Y volvemos mamá, siempre volvemos,
aunque ya no estemos.
Foto: Carnaval Petra 1994: Mamá, Babie, Marga, Rafel.
MGF

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