lunes, 26 de marzo de 2018

Temblar


Me acostumbré a vivir sin prisas pero deprisa, a soñar despierta y a vivir en sueños.

Pasé un tiempo en deshora y saltaron relojes de alegría.

Sentí, vaya si sentí, que amar era un mal negocio para cualquier pecho y amé sin tinta a todos mis versos.

Fui caricia dentro de tus llamas de fuego pero me ardieron todos los besos en formato “hasta luego”.

Aprendí que no hay malos libros, hay libros muy malos. Que no hay malas personas, hay personas con mal. Que no hay malos amores, hay amores mal amados.

Silencié demasiadas letras por miedo a herir y entonces herí más.

Hice un trato sin letra pequeña entre mi querer y tus para siempres pero me olvidé de firmar con todos mis nombres en el pie de página de tu sonrisa.

No perdí mis ansias de personas y eso me hizo ganar algunas estrellas fugaces.

Después se apagaron.

Y se volvieron a encender (pero en forma de recuerdos).

Alargué mi mano para poder alcanzar a todos tus miedos pero cogiste todo mi brazo y me pasaste los miedos a mí.

Y aquí los tengo, entre mis latidos y tus huidas porque saben que en nuestras palabras se esconden todos nuestros mares.

Pero aquí están…todos los miedos que nos impiden volver(nos) amar.  


M.
Email: mgf704@gmail.com 

jueves, 15 de marzo de 2018

El espejo de las letras.

Yo, que me sumerjo en el último baño del Corte Inglés para desafiar las leyes bactericidas y salgo con la convicción de haberme librado de una nueva colonización en masa de bichos caminando hacia mi conducto urinario.
Yo, que aún no me explico como la Generación del 68 y su Romanticismo no se cansaran de perfeccionarse.
A mí, que no me satisfacen las palabras que escriben mis dedos y me asombro con la facilidad que se mide la métrica hoy, tan dependiente del número de seguidores en redes sociales y tan poco ligada a la calidad de escritura.
En la vida había visto tantos creadores de libros como ahora y sin necesidad de haber leído alguno antes.
¿Que quereis que os diga?
Me resulta, por lo menos, extraño.
Yo, que me desgarro por dentro cuando veo la poca humanidad que existe en el planeta. Empezando por Guerra y terminando por Pobreza.
¡Una sociedad avanzada!
Avanzada de hipocresía intelectual.
Yo, que defiendo al amor más allá de sus descosidos y amo a las heridas por encima de todas sus costuras.
Y me tapo los oídos cada vez que en la música de este siglo alude a la violencia y a la degradación de la mujer por debajo de la línea que separa sus pezones de su cerebro.
Me deja perpleja la simpleza que tienen algunas damas para dejar sus neuronas bajo cero bailando sin tapujos las mismas letras que les mata toda su sabiduría (que es infinita, de eso que no quepa duda).
Yo, que me pierdo en una librería porque soy incapaz de priorizar a un libro y acabo por irme sin ninguno en un pacto de Honoris Causa entre las palabras y mis conocimientos insuficientes de poesía.
Yo, que defiendo la libertad, la dignidad y el hecho irrefutable de que aún me debes un beso en forma de caja del tiempo por encima del querernos toda una vida.
Y me muero de miedo por si me voy de este mundo sin haber dicho suficientes te quieros a tus sábanas.
Y odio a los políticos y a sus discursos por hacer un uso indebido de la retórica haciéndonos creer que harán una décima parte de lo que nos prometen mientras van robándonos nuestros ahorros y nuestros sueños como si de una broma de mal gusto se tratara.
Yo, que considero que hay más talento en la sonrisa de la gente humilde que en todas las bolsas de economía divagando por Europa y, aun así, no pierdo la esperanza de igualarnos en equidad financiera.
Me sobrecojo cuando veo a miles de personas dejar su vida bajo un océano que les mintió en forma de patera. Madres aventurando a sus hijos a un infierno de mares con peces llenos de espinas y nombres de falsos Derechos Humanos que reposan sus copiosas cenas en butacas de la mismísima OMS.
¿Que quereis que os diga?
Me asombra la codicia humana a pesar de creer que las palabras sí pueden salvarnos.
Yo, que estudié dos años de Filosofía hasta que rompí nuestra preciosa historia de amor cuando comprendí que en nuestro país hay letras que no alimentan por mucho que gritemos que es en el amor por el saber que está la esencia de nuestro existir.
Yo, que estudiaba anatomía sin ningún éxito porque en el memorizar jamás encontré el sentido del vivir y, aun así, tuve que vomitar muchos libros en los exámenes de enfermería en una dicotomía a muerte entre mi querer ser alguien de provecho y mi corazón a pedazos por amar a Kant por encima de la circulación hepática.
Y encontrar la paz en la empatía de mi profesión, en el acompañar con el amor a aquellos que viajan camino de su luz (aunque se vayan con la luz ya puesta en el alma).
Perdiéndome entre miles de libros en mis ratos libres porque el primer amor es para siempre y en mi corazón hay dos ventrículos para las letras. Que en el leer está el latir, aunque los médicos y medicas lo asocien a procesos químicos y mecánicos porque se olvidaron de empezar por la poesía.
Yo, que a pesar de todos los males e injusticias de este mundo, me niego a no creer en la bondad de las personas y defiendo a muerte el poder de las entrañas.
Yo, que odié a la palabra Cáncer hasta quererla para siempre porque, aunque se llevó medio corazón arrancándomelo del pecho, me dejó la más preciosa historia de amor llamada Madrina.
Yo, con mis defectos, mi falta de sociabilidad, mi priorizar a las montañas y a la naturaleza por encima de las tardes de café y las noches de amnesia alcohólica. El destierro de tantas amistades por no entenderme (ni yo a ell@s).
Infinita madurez.
Hágase su voluntad, literatura, pero quédese esta noche por si mañana no puedo escribirle otra carta de amor.
Quédese esta noche, que necesito dar descanso a la razón en un duelo pecho a pecho entre su silencio y mis aullidos de desolación.
Quédese...
Por favor.




Margalida Garí Font

martes, 13 de marzo de 2018

Tienes en los ojos girasoles



Vayamos a jugar a un juego de esos en que los niños y niñas siempre ganan y las brujas y brujos se quedan sin hechizos. 

Uno de esos que cuando abres la cajita de juguetes se vierte el amor por sus esquinas.

Vayamos a jugar al juego de que en el mar aún se Busca a Nemo porque Nemo sacó piernas y todas sus fuerzas para irse a vivir dentro de todos los corazones de Almería.

Sucede que, sin querer, Nemo se quedó en todos los corazones del planeta y ahora no quiere volver al mar porque está descansando en un nido envuelto con sábanas de amor.

Vayamos a jugar a un juego en que todos los niños y niñas anónim@s que tienen su cajita de juguetes en África, la India, Sahara, Perú, Palestina, Grecia e infinito puedan tener, cada año, una preciosa cajita de juguetes nueva, llena de mil razones para volver a jugar.

Un juego de esos en que ningún niño o niña tenga que guardar bajo llave su cajita de juguetes para disparar un Krieghoff cargado con el odio más ruin de los brujos y las brujas.

Uno de esos en los que los brujos y brujas decidan no hacer guerras sino paz(es), y conviertan sus oscuras brujerías en lluvias de estrellas vestidas con magias.  

Magia llena de estrellas que iluminen a todas las cajitas de juguetes del planeta por si algún niño o niña anda despistado Buscando a Nemo.

Que Nemo dice que él, en los corazones, se encuentra muy bien y que, por favor, le vayamos pasando su cajita de juguetes para que no tenga que domesticar a su sonrisa.  

Y como en éste juego no hay cabida para ningún niño o niña con la sonrisa domesticada, por favor, la cajita de juguetes de nuestro pescadito. Gracias.






Margalida Garí Font.
Devolvámosles la voz. 
Canción: Girasoles-Rozalén.

miércoles, 7 de marzo de 2018

M U J E R E S



Tú,

que sueñas con tatuar de tinta literaria humildes librerías pintorescas.

Tú,

que cambias el color del rímel para no dejar de ver jamás la Primavera.

Tú,

que te sigues mintiendo cuando dices que el Amor está sobrevalorado.

Tú,

que no distingues la verdad más allá de dos poemas.

Tú,

que pasas noches infinitas en formato de ojeras para ver dormir a tus hijos.

Tú,

que llegas tarde a fin de mes y, sin embargo, pierdes el taxi.

Tú,

y ese precioso vestido de gala que lleva tu sonrisa.

Tú,

descontando las horas al reloj para saldar las deudas con el tiempo.

Tú,

viajando a besos, amando a besos y viviendo a besos.

Tú,

y tu celulitis de mariposa cosiendo las cicatrices de tu piel.

Tú,

y tus arrugas más profundas demostrándonos que en la vida una va pisando fuerte.

Tú,

con o sin tacones, con o sin sostén de damisela, con o sin las manchas de un ayer.

Tú,

que en vez de presumir de perfume decides envolverte el cuerpo de flores y ahora tienes por nombre a la estación del amor.

Tú,

que no te atreves a ir en tren por si te pierdes el último tango de tus pasos.

Tú,

que olvidas constantemente llevar pendientes pero en tus ojos una podría guardarse el mar.

Tú,

que sigues asegurando odiar las despedidas en cualquiera de sus formatos y decides nunca irte aunque te vayas.

Tú,

diciendo que tu mejor joya es la de ser mujer y enmudecer a todos los silencios por Real Decreto y Derecho de Ley.

Tú,

que es imposible dejar que las palabras te (d)escriban porque no hay literatura capaz de adornar lo que, ya de por sí, reluce.

Tú,

incapaz de ser la marca de ropa que usas sigues siendo fiel a los lunares de tu piel.

Tú,

habiendo sido callada a golpes y violada a gritos, porque es la única forma que tienen algunos imbéciles de escribir un pésimo poema, sigues siendo preciosa poesía.

Tú,

que no eres tan solo un día ocho de marzo porque enamoraste a todos los días de todos los años y sigues diciendo que tu único amor se llama “yo misma”.

Tú,

que has coleccionado a tantas heridas que ahora ya solo quieres devolverles la voz y hacer que jamás se callen.

Tú,

que sigues mirándote al espejo sin saber qué pintalabios le favorece más a tus labios y olvidas que el mejor vestido de tu boca es todo lo que aún tienes por decir.

Foto: Mama y Madrina, mis dos mujeres por excelencia


Margalida Garí Font