Me acostumbré a vivir sin
prisas pero deprisa, a soñar despierta y a vivir en sueños.
Pasé un tiempo en deshora y
saltaron relojes de alegría.
Sentí, vaya si sentí, que
amar era un mal negocio para cualquier pecho y amé sin tinta a todos mis versos.
Fui caricia dentro de tus
llamas de fuego pero me ardieron todos los besos en formato “hasta luego”.
Aprendí que no hay malos
libros, hay libros muy malos. Que no hay malas personas, hay personas con mal.
Que no hay malos amores, hay amores mal amados.
Silencié demasiadas letras
por miedo a herir y entonces herí más.
Hice un trato sin letra
pequeña entre mi querer y tus para siempres
pero me olvidé de firmar con todos mis nombres en el pie de página de tu
sonrisa.
No perdí mis ansias de
personas y eso me hizo ganar algunas estrellas fugaces.
Después se apagaron.
Y se volvieron a encender
(pero en forma de recuerdos).
Alargué mi mano para poder
alcanzar a todos tus miedos pero cogiste todo mi brazo y me pasaste los miedos
a mí.
Y aquí los tengo, entre mis
latidos y tus huidas porque saben que en nuestras palabras se esconden todos
nuestros mares.
Pero aquí están…todos los
miedos que nos impiden volver(nos) amar.
Email: mgf704@gmail.com

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