martes, 10 de diciembre de 2013

Suposem

Suposem un primer pla d’un edifici de ciutat antic. Sis plantes, tres apartaments per planta, una escala cargol recargoladament cargolada i una finestra per planta (sense comptar les finestres internes a cada apartament). Suposem un aire carregat, dens i enganxós. Suposem què tu tens el paper d’observador de la història. Ara suposem una història.
El relat, senzill. El procés creatiu complicat. L’autora incognoscible, l’obra fictícia, l’argument sense sentit, la finalitat...la finalitat?
El Sol acariciant l’edifici, l’edifici fugint del Sol. L’edifici amagant-se dins l’ombra. L’ombra enamorant-se de l’edifici. L’edifici parint una escala cargol. Surrealisme.
La finalitat?
Set d’aigua. Mentida, set de vi. “Si us plau, una copa de vi rosat”. Impossible, només hi ha vi negre o vi blanc. El món bidimensional d’una Grècia antiga. Mentida un altre cop, la Grècia fou moderna, l’antiguitat és actual. “Doncs una copa de vi negre”. Al final s’acaba acceptant el concepte d’eternitat bipartidista. Tercera mentida, el bipartidisme és un mateix, l’eternitat no té partits. L’eternitat, per no tenir, no té ni temps. Però qui té el temps en realitat?


Suposem una música de fons. Jazz, no cal dir-ho. Podria haver estat un blues però suposem què és una ocasió especial. Jazz per ocasions especials, blues per ocasions serioses, la resta per la resta d’ocasions.
Suposem una música de fons dins el segon apartament del sisè pis què pertany a un edifici antic. Suposem una dona jove. No, suposem els dits d’una dona jove. Suposem els seus dits creant la història. Suposem la història.
La finalitat?
Paris ha mort. Ara es diu Estats Units”. L’anagrama més problemàtic és aquell què no s’ha escrit mai. La lluita del més fort és l’anagrama. Els dèbils són el vi rosat. A la polis no hi ha cabuda per un Dionís bastard. Recordem, “Paris ha mort”.
Paradís. Difícil definició, fàcil les acusacions errònies de la seva ubicació. Juxtaposem, perquè, en el fons,  el paradís també és vi rosat i ja hem dit què a la polis no hi ha cabuda per un Dionís bastard.
Suposem el ritme constant de les mans d’una dona jove què es troba al segon apartament d’un sisè pis de, a qui li importa tot plegat?, un edifici antic. De ciutat?Si, només a la ciutat hi ha un sisè pis. Mentida, però només a la ciutat hi ha una escala cargol. Mentida. Però només a la ciutat hi ha una dona jove creant una història amb música de jazz com a pla de fons. Veritat.
Embòlia pulmonar és el diagnòstic de l’eternitat. L’antiguitat és actual. Finalitat? Malaltia crònica. “Crònica significa què morirà de la mateixa manera què Paris ha mort?” “No. Crònica significa, què ho patirà sempre”. Mentida, cònica significa què ho patirà fins a Estats Units. S’ha de matisar, perquè sí crònica significa què ho patirà fins a Estats Units i Paris mor quan es diu Estats Units, crònica significa què París mor.
Suposem ara, què ja és molt suposar, què tu, has entès la història. Suposem què ho has entès tot (excepte què Dionís és bastard. Però ho és, perquè Dionís és vi rosat). Tot i així, suposem què has entès la imatge, les paraules, els conceptes i, fins i tot, suposem què has entès a Dionís.

Afirmaries llavors, què has entès la finalitat?


Margalida

domingo, 24 de noviembre de 2013

¡Cuántos litros de ron qué se bebió la Luna!

La Luna acabó borracha de tanto soñar que podía besar al Sol. El Sol se perdió siguiendo la ruta cíclica (que no es circular) de la Tierra para espiar a la Luna y la Tierra nunca encontró ni a la Luna ni al Sol.
El mensaje estaba supuestamente explícito en la más vulgar literatura. Nadie nunca lo leyó, quizás alguna vez, o tal vez nunca es siempre alguna vez. Pero el mensaje estaba en la literatura. Nadie sabía dónde se hallaban las palabras, ni el sentido, ni las formas, pero muchos presumieron de haberlo visto, alguna vez, o nunca, o un qué más da, pero se le había visto y ese es un hecho espinosamente cierto.
            Hubo tiempos mejores en dónde la forma y el contenido tenían sentido y sabor a palabras. Hoy son tiempos pesados para aquellos que creyeron que perduraría semejante laberinto pragmático. Conozco unos cuantos de aquellos idealistas que ya han muerto, y otros tantos que se confunden con el ron y la cinética, muy pocos permanecen en esa aureola de la tozudez suicida que coge la forma de las letras. ¡Quién pudiera salvarles del infierno! ¿Acaso alguien se atrevería?
Demasiado oscuro fue el pecado o, permítanme la aclaración,  fueron demasiados los pecados desteñidos.
Ilusos personajes ilustratorios, viajeros marinos del Romanticismo francés, ornitorrincos de la palabra que escribían para no ver el reflejo esperpéntico de un Rococó aplastado en los rostros de una sociedad perdida.
¡Qué perdida estaba entonces la sociedad!
¡Cuántos litros de ron qué se bebió la Luna!
Y las palabras seguían insistiendo agonizantemente, casi desesperadamente que era absolutamente necesario salvarlas. Que era un deber kantiano apiadarse de ellas. Y no hablaban de un apiadarse cristiano, hablaban del deber kantiano sin Kant ni deber. Hablaban sin uso de la ortografía ni la métrica. Ni siquiera podría afirmar que hablasen. Pero lo hacían, de algún modo lo hacían y nadie se daba cuenta. O quizás alguno hoyó el rumor y pensó que era el Sol espiando a la Luna. Juraría que ni siquiera pensó. Y eso es la parte triste del insistir poético de las palabras. Porque repito, ellas no pararon ni un segundo de insistir.
Sospecho que hubo intentos de coser cicatrices, sospecho que algunas se coserían para ese entonces, sospecho que ya no hay constancia de ello, del mismo modo que no hay constancia celeste, y por sospechar paraísos, sospecho que éste es el único recuerdo de la caída del imperio enverbascado.
El más grande imperio literario convertido en espuma publicitaria.
¡Cuántos litros de ron qué se bebió la luna!
Reconozco que lo intentaron, intentaron desesperadamente que la Tierra dejara de ser cíclica (que no es lo mismo que circular, aunque desde entonces da lo mismo). Intentaron recoser las cicatrices y se excusaron con que ya no había hilo en ningún punto del planeta ¿Dónde estará el gran Einstein cuando se le necesita? Pero las palabras ya eran consideradas muertas. ¡Ellas que nos habían salvado!
La barbarie en formato contemporáneo tiene el apellido humano y el nombre de pila de un rey poderosamente tecnológico.
Las aves científicas ahora se hacen llamar dioses.
Y mientras tanto una sola idea me persigue ostentosamente en mis venas. No es muy nítida pero sigue siendo idea. No es muy rica pero no me permite que le llame pobre. Aun así, sigo siendo incapaz de transmitírosla. Éste es el jugo que obtengo en el intento de semejante proceso. De lo que no me cabe la menor duda es que todo navega en torno a la consecuencia del resultado de haber matado a las palabras con un arma homicida de calibre Rococó cristiano.
¡Cuántos litros de ron qué se bebió la luna!


Pensamiento, intelecto, consiente, preconsciente y subconsciente dentro de una caja de Pandora. Pandora regalando ron a la Luna para que ésta deje de llorar. La luna que decía haber soñado que se podía besar al Sol. El Sol dentro del laberinto de Minos. Minos sin laberinto y sin Sol.
La tierra siempre fue cíclica hasta cuando aun no era Tierra.
Debieron salvarlas porque era un deber kantiano. Nadie lo entendió entonces y tengo graves dudas de que lograsen entenderlo ahora. Pero a las palabras había que salvarlas. La misión era salvar a la Literatura para no perder el espejismo de la misma Filosofía. ¡Muertas las dos se acabó la rabia!
¡Qué aberración intelectual fue la que se hizo!
¿Quién no pudo entender que era de suma importancia salvarlas? ¿Quién sí lo entendió? Sospecho, de nuevo sospecho que aun saboreamos la sangre de las letras en papel de pantalla virtual. Un rey poderosamente tecnológico…
Pero ya no hay letras, ni palabras, ni poesía que nos salven porque tú, sí tú, las mataste. Perdimos la Filosofía literaria pensando que no era auténtica Filosofía.
Si una pudiese contabilizar los errores éste sería el pecado original y los demás dejarían hasta de ser pecado. Demasiados errores y demasiados pecados desteñidos cargando en nuestra espalda. La cruz de Cristo pero sin Cristo ni cruz (¿o era al revés?).
¡Cuántos litros de ron qué se bebió la luna!
La sentencia final, la única que existe, afirmando que hasta aquí pudimos leer (sin palabras). Difícil es la lectura de una vida, más difícil es vivirla habiendo asesinado la lectura. Fácil el poema, difícil la poesía.
Filosofía, nunca barata. ¡A ver si lo entendemos ahora que ya está muerta!
Porque tú la mataste. Y ahora carga con ello y no me seas cobarde.
Cíclicamente:

La Luna acabó borracha de tanto soñar que podía besar al Sol. El Sol se perdió siguiendo la ruta cíclica (que no es circular) de la Tierra para espiar a la Luna y la Tierra nunca encontró ni a la Luna ni al Sol. 


Margalida

lunes, 18 de noviembre de 2013

Hipertextualitat fictícia.

Però si morim


                        que sigui sempre

d'AMOR i,       sobretot,                    

                                     AMB

AMOR. I què ningú                     mai

                                             ens faci morir per


AMOR                         
perquè, per AMOR,


                     sols es

                                                                  VIU.








Margalida.

martes, 29 de octubre de 2013

Jazz, jazz, jazz

Jazz, jazz, jazz, caos insoportable. La vida poética del romanticismo caro en un vaso desangrado de alcohol se sobrepone al murmuro sospechoso  de un grito sin grito. Las pequeñas sensaciones de la suite treinta y seis quedan cubiertas por la embriaguez de un borracho sin bolsillos sacado de los pantalones de un Hollywood anoréxico. Jazz, jazz, jazz, eterna sabiduría traicionera. La avispa mortal, la mentira, la cosmogonía de los antiguos dioses, la ciencia supersticiosa actual, la vida y la muerte. Una princesa con cabeza de serpiente y corazón de león solitario. La pregunta histórica, la pérdida del ritmo, una improvisación que no puedo recordar, la cara de papel azul, o casi azul, del océano pacífico. El amor, ¿el amor? De los muertos que se agarran a una Vie en rose desgarrada de arcoíris y de escala de grises. Jazz, jazz, jazz, acuérdate de mí cuando te conviertas en el ladrón de los sótanos de los prohibidos e ilegales soñadores. Acuérdate de mí, jazz, que yo te presencio en el fondo del vaso y no libero mi lengua de tu amargor dulce. Los anónimos callejones de un poeta arruinado, sin hogar, sin altares y sin poesía. Jazz, tú eres poesía. Dunas del desierto saharaui que emigran de horizonte en verticales para recuperar su literatura, ¿perdida?, ¿robada?, ¿asesinada? Quizás, y quizás eso era poesía y no tú, jazz, tú no. Tú eras poesía, pero perdiste los poemas y te quedaste en música ¿poética? No hay convencimiento, no hay absoluto, no hay espejos en el fondo del vaso, hay cristal doliente con olor a putrefacto, hay desamor y traición. Hay, querido jazz, más caos que huele a mentira, huele apestosamente a mentira humana. Jazz, jazz, jazz, no agonices en los burdeles, tú nunca fuiste una prostituta de alquiler, ¡qué se prostituyan los poetas, no los poemas! Cisne rojo y negro, canción ¿de qué? De la nada, de la estúpida nada. Abismo inquebrantable que se olvidó del Sol y amó cómo jamás nadie había amado a una estrella, ni tan siquiera la astrología amó de ese modo al cosmos. Le Petite Prince francés, las canas de Sócrates y el coraje de un Borges. Perdí, jazz, perdí musicalidad y pagaré por ello el precio de un solo de saxofonista burgués. Teniendo en consideración la melodía del saxo callejero de la suite treinta y seis me atrevo a afirmar que nunca nada me había salido tan barato. La suerte del principiante o, como a mí me gusta decir, la astucia de un bufón negro. Sí, jazz, negro. El blanco pierde densidad artística, aunque no me reniego a la negociación de tales conjeturas, por el momento está fuera del campo de juego. El ajedrez al revés, dicen los pobres campesinos. El opium de un beso sin amor pero con espinas. Cuxi, cucuxá, xáxá. Jazz, jazz, jazz, somnífero de los perdidos, enfermedad cardiovascular con sangre azul. No, jazz, no es sangre de la realeza, es azul, la realeza la conserva negra pero la tiñe de azul para la confusión mercantil, como sostienen los poetas. Las prostitutas, jazz, las mismas. Je veux, je veux, je veux…y esta noche tengo la temible superstición de que uno de los dos morirá. Un duelo a muerte jazz, como los antiguos poetas, como el saxo que pagué a precio de regalo, como un sinfín de amor, pero con fin. A muerte, jazz, porque no hay vida sin morir un poco, porque hay que vivir para empezar a morir. El honor es mío por rivalizar al poema, y no al poeta, en un campo homérico. Jazz, esta noche, uno de los dos morirá y tengo la extraña certeza de que yo ya estoy muerto. Jazz, jazz, jazz.




Margalida Garí Font

domingo, 27 de octubre de 2013

Mossaic

Escriure. D’això es tractava, d’escriure quelcom interessant, o no tant interessant però bonic, o no bonic però si subtil, o no subtil però que obligués als teus ulls (sí, els teus ulls lector) a no poder parar de llegir una paraula rere l’altre sense, ni tant sols, entendre per què.
Però, a disgust de l’escriptora, les paraules que en sortien no tenien res de tot això així que va deixar els clàssics temes, tant freqüents a la seva escriptura, i els clàssics pensaments, tan abundants a les seves paraules, i va deixar que les mans fessin, per elles soles, tota la resta.
A continuació es suposa que s’exposa el resultat del que avui en dia coneixem com improvisació literària, o el que és el mateix: ceguesa intel·lectual.

I

Quan un és petit i es deixa caure al terra amb la vista al cel per poder seguir amb la mirada el moviment dels núvols, s’imagina que, algun dia serà capaç d’agafar-ne un amb els dits d’una sola mà. S’imagina que els núvols tenen la textura dels cotons de sucre i que gairebé es desfan a les mans. Fins i tot, un pot arribar a degustar la pell blanca dels núvols, arribant a la compartida conclusió per tota la comunitat infantil, de que és un gust a expedicions secretes de grans detectius i a maduixes amb xocolata desfeta d’esmorzar. La degustació més perfecte de la gastronomia humana no es troba fertilitzada als cultius de la terra, es troba en forma de sucre gegant a l’alçada del cel.
Aquest secret gastronòmic és clau per entendre qualsevol aspecte de la vida però només ho saben els nens i aquets s’ocupen plenament de no transmetre els coneixements a la població adulta.
Quan els nens creixen comencen a evolucionar cap a un pensament adult i deixen de mirar cap a l’univers per només focalitzar la vista a l’alçada del seu clatell. Amb el temps els nens tornen adults del tot i s’obliden del sabor dels núvols de sucre.
Els adults fins i tot s’obliden del sabor en general.
Els adults es passen la vida tornant a buscar els sabors perduts de viure. Ho busquen durant tant de temps i amb tanta energia que cada vegada s’obliden més de mirar al cel. Si un no mira al cel no pot veure els núvols!
Els avis són adults que tornen retrobar el cel. Per això els avis sempre comparteixen el sabor a detectiu secret i a maduixa amb xocolata desfeta amb els néts. Sembla mentida que un es passi buscant tota una vida el que ja sabia des de ben petit i que no sigui fins que és ben gran que no ho recordi.

II

L’Anna ho va anomenar l’art del pensament. Segons ella, es suposava que el pensament era un gran magatzem de reciclatge on s’hi pot trobar qualsevol objecte. Des de el més habitual al més sorprenent. Però només hi havia una cosa totalment indesxifrable: L’art. L’art del pensament.
Ho va definir de manera ràpida i contundent. Quan hi penso bé, em torna el dubte de si la definició deixava clar el que era o, si pel contrari, o embolicava el doble.
L’art del pensament, per Anna Trumsky, es definia com: Anagrama, espiral i tres quarts de purpurina platejada.




III

La suor freda que li queia esquena avall confirmava les sospites de l’oncle Partton. Estava nerviós, estava tant nerviós que ja havia canviat de postura massa cops com per dissimular que no estava nerviós.
La tieta Anabel era una dona de molt poques paraules i havia citat a l’oncle al bar on va tenir lloc aquella gran discussió del 25è aniversari de bodes. Ara ja havien passat 30 anys des de llavors i suposadament estava tot més que parlat i perdonat però durant aquest temps no havien retornat ni un sol cop al bar de la discussió. Fins ara.
L’oncle Partton es trobava tens i incòmode a aquell bar. I quan ja estava a punt de marxar a casa amb la tieta per fingir que l’havia esperada al bar tranquil·lament degustant un whisky escocès, la va veure entrar per la porta principal. Per un moment a l’Oncle Partton se li va acabar la respiració i el cor va parar-se juntament amb el temps.
La tieta Anabel havia envaït notablement durant els últims anys però conservava la seva mirada juvenil d’aquell color marró terra tan penetrant que un dia havia fet embogir d’amor a l’oncle Partton. L’oncle sempre deia que els ulls de la tieta no només feien embogir d’amor, que simplement feien embogir i prou.
Els ulls de la tieta Anabel amb la tieta al seu darrera van anunciar a l’oncle que es limités a escoltar durant uns minuts. El cor de l’oncle va petrificar-se del tot. La tieta va començar:

Josseph, he quedat amb tu a aquest bar per construir-hi un record molt més adequat de l’últim que hi tenim.
Ens hem passat tota una vida un al costat de l’altre. Hem tingut dies que ho haguéssim abandonat tot per l’altre, fins i tot a nosaltres mateixos. I també hem tingut dies que ens ha faltat no res per deixar-ho córrer tot i rendir-nos. Però ara ens hem convertit amb dos vells que l’únic que desitgen és acabar plegats un any i començar l’altre amb un mínim de salut i un màxim d’il·lusió.
Fer-nos companyia perquè no sabríem com desfer-nos-en per separat, perquè per separat ja no tindria cap tipus de sentit.
Però tornem majors Josseph i un dels dos morirà tard o d’hora, tan se val, però un dels dos morirà primer que l’altre. He pensat que jo no vull morir-me primer que tu sense haver-te dit el que vull dir-te. I també he pensat que nosaltres dos hem de trencar la regla aquesta de que quan mor un l’altre està condemnat a morir poc temps després d’enyorança.
Josseph, el que es quedi ha de viure tot el màxim possible, no s’ha de perdre el que li quedi d’aprendre! Hi serà a temps a retornar amb l’altre. D’alguna o altre manera tornarem a estar junts, sempre ens acabarem esperant.
Jo només vull que ho tinguis clar, que tinguis clar que has de quedar-te perquè jo t’esperaré. No ho sé si a un paradís o sota un arbust però t’esperaré.

L’oncle va recobrar el ritme musical dels batecs del cor i la freqüència respiratòria, va agafar la tieta Anabel per la cintura i es van posar a ballar un jazz imaginari enmig del bar, sota la indiferència general.


IV

La noche nos impone su tarea
mágica, destejer el universo,
las ramificaciones infinitas
de efectos y de causas que se pierden
en ese vértigo sin fondo, el tiempo.

La noche quiere que esta noche olvides
tu nombre, tus mayores y tu sangre,
cada palabra humana y cada lágrima,
lo que pudo enseñarte la vigilia,
el ilusorio punto de los geómetras,
la línea, el plano, el cubo, la pirámide,
el cilindro, la esfera, el mar, las olas,
tu mejilla en la almohada, la frescura
de la sábana nueva, los jardines,
los imperios, los Césares y Shakespeare
y lo que es más difícil, lo que amas.

Curiosamente, una pastilla puede
borrar el cosmos y erigir el caos.

J.L. Borges



Margalida Garí Font.

Octubre, 2013

viernes, 7 de junio de 2013

L'heroi.

És molt fàcil per mi sentir el que m’envolta però és extremadament complicat aconseguir que els Monstres Gegants ho sentin.
Els Monstres Gegants són uns dels més desconcertants, tot i que fa relativament poc, vaig conèixer un monstre molt més gegant que tenia la capacitat de tocar el cel i fer un soroll molt desagradable per les meves orelles. Era un monstre llargarut i fred.
Sé que era fred perquè el cel sempre és molt fred.
Jo tinc la gran missió de fer entendre aquets detalls a tots els monstres que em trobo, però desgraciadament he descobert la seva missió, la dels monstres vull dir, de cara a mi. Aquesta és la de fer-me entendre una altre classe de detalls que no tenen ni el més mínim sentit. Uns detalls completament freturosos de curiositat. 
Per els Monstres Gegants, què és del tipus de monstres que et parlaré pare, escriure uns gravats sobre una superfície negre és molt important, així com aprendre a desxifrar-los, reproduir-los i memoritzar-los. Però el que jo els intento fer veure és l’olor del guix quan es desgasta a la pissarra negre, l’energia de les mans quan recorren l’escriptura, la bellesa del parpelleig inconscient de l’Alexandra quan mira per la finestra el cotxe aparcat del seu avi què, un cop més, ha vingut a buscar-la massa d’hora per poder estar més temps amb ella. La seva néta i filla a l’hora.
Els Monstres Gegants no hi veuen, els Monstres Gegants diuen que hi veuen però són completament cecs. En canvi, els Monstres Gegants què tenen un problema a la retina i no poden adquirir imatges visuals sí que aconsegueixen entendre moltes de les coses que els explic. Tu també ho aconsegueixes pare. De tant en tant.
Jo sóc un Ocell de Foc. Tinc aquesta virtut i n’estic orgullós. No sóc gran, sóc més aviat d’una mida reduïda. Tampoc puc tocar el cel. El calent i el fred s’han d’estimar de lluny per no intercanviar les característiques pròpies de cada u. El calent, sí està molt a prop del fred es refreda. El mateix passa a l’inversa.
Jo sóc un Ocell de Foc. De Foc perquè és l’únic que em permet espantar els Monstres Gegants. S’espanten molt, es pensen que un dia d’aquets tindré tant de foc que em tornaré carbó. No sabem que les espurnes de carbó tenen respiracions de renaixença, tampoc saben que les espurnes del carbó son nadons espantats i que només volen estar amb la mare Flama.
Els Monstres Gegants sempre separen la mare dels nadons i els nadons ploren tant fort què quan això passa, jo, com Ocell de Foc què sóc, he de tapar-me les orelles per no sentir tant dolor.
Els Monstres Gegants estan cansats d’advertir-me què el foc no fa soroll i que l’únic que he de fer és mantenir la distància. Alguns Monstres Gegants es posen tant furiosos quan veuen que em tapo les orelles que comencen a cridar molt i molt fort coses incomprensibles per mi.
Llavors no ho aguanto, el soroll dels crits dels monstres més el soroll dels plors desconsolats dels nadons de carbó és massa enemic per un Ocell de Foc, i les meves ales no són suficients per tapar-me les orelles. Començo a tremolar i acabo per apartar-me d’uns i altres i seguir tapant-me les orelles a un lloc on no hi hagi ningú fins que el tremolor i el soroll disminueixen.
Realment, els Ocells de Foc sempre estem percebin sorolls de tota classe, però n’hi ha alguns que tenen uns colors vius molt bonics, d’altres no tenen color i també hi ha els sorolls que van canviant de color cada cert temps.
Jo tinc la petita esperança de salvar els colors dels sorolls. Són els més divertits perquè són uns grans ballarins. Saben ballar des de una cerimònia salvatge fins un ball romàntic cos a cos. Els colors dels objectes, en canvi, no saben ballar però si que els agrada molt cantar-me cançons per fer-me adormir.
Els Monstres Gegants no saben que són els colors però es passen el dia intentant explicar-me’ls.
Quan començaran a veure’ls i a deixar-me fer? És una llei no escrita, tots els Ocells de Foc tenim molt clar què són els colors!
La vida d’un heroi com jo implica molta feina i concerneix una major responsabilitat. Hi ha monstres per tot arreu que intenten qui sap què però amb una insistència tant malaltissa què al final dedueixes què d’ells no es pot aprendre res de bo. Tot i així els herois ens em d’esforçar per entendre’ls. És l’única manera fructífera de que els Monstres Gegants ens deixin tranquils.
Les meves ales tenen tanta energia què no paren de moure’s amunt i avall. Tinc la certesa de que ho fan per protegir-me dels coneixements malèfics dels Monstres Gegants però, la veritat és, què tenen una repercussió al nivell neuronal dels monstres molt dolenta. Es posen tant nerviosos que no paren de acomodar-me les ales al costat del cos. Les ales dels herois tenen una funció crucial i si es veuen amenaçades augmenten la seva funció per protegir-me. Els Monstres Gegants encara no ho han entès mai a això. Les meves ales són ben clares però ells estan massa ocupats en acomodar-les al voltant del meu cos i ni es paren a escoltar-les.
Al final les ales dels herois es rendeixen i també acaben plorant. Quan això passa només esper de no trobar-me al costat dels nadons de carbó i els crits dels Monstres Gegants. Aquets segons sempre hi son presents així que acabo per esperar, almenys, no estar a poca distància dels nadons de carbó. Tant soroll em distorsiona els sentits i m’incapacita veure els colors. Mai ningú hauria de ser incapacitat per veure els colors! Els colors dels que jo et parlo pare, no els colors de que la mare em parla.
Els Ocells de Foc, com herois què som, ens hem de passar tota la nostra vida dintre del camp de batalla. No és una batalla bèl·lica, com la dels Monstres Gegants què sempre estan duent a terme entre, i això és el més curiós i el que mai ni intentaré entendre, ells mateixos.
La batalla dels herois està dins lo quotidià. M’atreviria a afirmar què per això és molt més dura que la batalla dels Monstres Gegants. Ells, ben en el fons, ho saben què és així, per això em criden  tant i em volen fer entendre tantes coses, segons ells, importants. Perquè els Monstres Gegants són uns monstres molt envejosos i no suporten admetre que ells no són herois, tot i què molt sovint presumeixen de ser-ho.
Pare, tu ets un Monstre Gegant diferent, no et preocupis. Però intenta fer-li-ho entendre a la mare.
Sort què els herois som Ocells de Foc i no Monstres Gegants, així, per molt que s’entestin, no poden aconseguir posar-nos les seves grans explicacions de manera interna.
Les males energies és millor deixar-les a l’exterior.
La clau està als detalls minúsculs perquè els detalls minúsculs no els pot veure tothom i són de la mateixa importància que les altres classes (mides) de detalls.
Hi ha detalls minúsculs a llocs encara més minúsculs i aquets són els que m’agrada dibuixar per intentar proporcionar una mica de llum als Monstres Gegants.
Els Monstres Gegants, com ja he dit, són tan cecs que, del dibuix, es queden amb les imatges grans i no aconsegueixen veure els detalls minúsculs.
He realitzat milions i milions de dibuixos amb tota mena de detalls i amb la major claredat possible. Al final, els herois ens em d’acabar adaptant una mica a les limitacions inacabables dels Monstres Gegants. Però així i tot no ho he aconseguit.
Els Monstres Gegants no poden entendre que el més interessant del dibuix de la Catedral de Palma és el colom que hi ha a la dreta alimentant el colomet petit mentre un ocellot negre els vigila des de l’alçada d’un arbre enorme que està situat a la casa vermella despintada del costat. Casa, que per cert, té un toc d’olors a romaní i herba bona.
Els Monstres Gegants no poden entendre que el soroll dels cabells arrissats de la mare quan dorm tenen una harmonia molt semblant a la 5a simfonia de Beethoven, però amb la diferència de què la 5a simfonia de Beethoven no posseeix l’electricitat amb perfum de roses de la pell de la mare.
Els Monstres Gegants, no poden entendre, i això ho he intentat fins a perdre el sentit de l’ insistència, què l’aigua de l’aixeta del menjador té un tacte gelatinós amb regust a pessigolles, mentre que l’aigua de mar és aspre i no es cansa de fer petites mossegades amb soroll de cigales dintre del timpà de l’orella esquerre. I què l’aigua de la pluja és la suor dels núvols quan no poden parar de riure.
Els perills en que un heroi es veu sotmès són incalculables, inabastables i inacabables. És per això mateix que un heroi no pot despistar-se ni el més petit instant. Els Monstres Gegants aprofiten qualsevol moment per atacar.
Els nombres i les lletres, així com les figures geomètriques, són representacions de la bellesa, no per els resultats finals i les coses que d’ells s’obtenen però si per la seva forma en sí. Els Monstres Gegants sempre presumeixen del que se’n pot obtenir d’aquets tres pilars. El més graciós és que es pensen que jo no ho puc gaudir i em fan la mirada de pena que tan odio al mateix temps que intenten un i altre cop de fer-m’ho veure.
Si els nombres, les lletres i les figures geomètriques els poguessin parlar el seu llenguatge segurament els dirien quatre coses ben dites. Entre tu i jo pare, els nombres no suporten els Monstres Gegants perquè estan cansats de ser utilitzats com a possessió de bens quan ells mateixos m’han confessat, més d’un cop, què sempre han estat lluny de servir als esclaus de la cobdícia. Les lletres son un poema sense la necessitat d’ordenar-se per ser un poema en el llenguatge dels Monstres Gegants i, les figures geomètriques estan completament obsessionades en reivindicar què no són ni seran mai una invenció dels Monstres Gegants.
El riure m’espanta. Les cares dels Monstres Gegants tenen una forma molt estranya amb el riure. A més, el riure es contagia entre ells com si fos una malaltia vírica sense límit d’expansió ni llenguatge de fronteres.
Això de què els herois no poden espantar-se de res és un mite. El riure sempre espanta, així com el plor, els crits, els moviments, les classes magistrals d’ensenyament dels mateixos Monstres Gegants i milions de coses més.
La missió dels Ocells de Foc és així de complicada. És així de complicada perquè ha d’aprendre a conviure amb les pors sense deixar que aquestes es quedin massa temps fent la seva funció macabrosa. Però la veritat és que més d’un cop les pors tarden molt de temps a marxar i els Ocells de Foc perden la intensitat de la seva flama.
Per moltes pors que jo hagi tingut la meva flama mai s’ha apagat del tot. Els herois tenim una missió massa important com per rendir-nos a la primera de canvi. Salvar el món dels Monstres Gegants és una feina que cal dur-la a terme sense descans. De totes maneres, els Monstres Gegants són tan insistents que no ens deixen ni fer dos sospirs de relaxació.
Els Ocells de Foc tenim l’avantatge de ser de milers de colors. No tenim preferència per un o per altre color i això ens ajuda a no ser cecs.
Els Ocells de Foc podem olorar olors inolors sense problemes perquè els olors de l’amor, la saviesa, el vent, la pluja, la covardia, la llum, el riure, l’acaricia...són olors que tenen la gran peculiaritat de no fer-se plausibles per els sentits comuns de les foses nasals, però sí són plausibles per els sentits no comuns que es troben situats al nòdul sinusal del final de la trajectòria d’alguna vàlvula coronària.
Els Ocells de Foc entenem el món que ens envolta i ens passem tota la nostra vida intentant explicar-ho als Monstres Gegants. Els Monstres Gegants es passen la seva vida empernant-se a no escoltar cap tipus d’explicació desconcertant.
Els Ocells de Foc també sentim tristesa, felicitat, curiositat, eufòria, temor, desconfiança...però ho sentim per les coses que realment provoquen aquets sentiments. Com ara els crits dels nadons del carbó, o el miratge de la llum representat amb un raig solar a través d’una escletxa específica i crucial de la més corroïda reixa metàl·lica...
Els Ocells de Foc som els grans herois oblidats, l’última peça de l’abecedari, el llibre esgarrapat de l’Època Antiga, la saviesa perduda, l’Estrella Polar, l’enigma egipci mai trobat, la utopia de la llibertat, la immensitat immensa d’un oceà, l’amor amb la seva forma més pura, l’agonia de l’esclavitud, la gran sorpresa de la humanitat.
Els Ocells de Foc som la flama protectora d’una cosmologia perduda i d’uns habitants mai trobats.
Els Ocells de Foc som el missatger del perquè de la vida i el sentit de viure-la.
Però, i això és fins i tot trist, sobretot,
els Ocells de foc som l’última esperança de salvar una espècie que es defineix per la seva gran insistència a impedir la seva pròpia salvació, per intentar amb tots els mitjans possibles i, d’una manera que els deriva inevitablement al gran fracàs, fer-nos veure a nosaltres, els Ocells de Foc, una classe de foc que, a més de no proporcionar calor, tampoc ens proporciona ni el més mínim interès.
Repeteixo, els Ocells de Foc som els herois pare. Els vostres herois.




Dilluns, 15 d’Abril de 2013
Estimat diari personal,
Avui em trobo especialment cansada. L’Oriol segueix sense fer grans progressos.
Els metges diuen que els progressos que pugui fer són efímers. Ell no ens pot comprendre perquè el seu món i el nostre món es troben a una distancia tan infinita què no cal perdre-hi temps en intentar apropar ambdós mons. Els metges diuen que és impossible què dos imans de pols iguals s’atreguin.
Els metges es pensen que ho saben tot. L’Oriol em fa veure més d’un cop que sí menten però què el que li explico no li interessa.
A vegades tinc la sensació de que em vol dir alguna cosa però a mi també em costa entendre el seu llenguatge. Es queda enamorat de la llum del sol, es passa hores mirant el carbó quan el foc s’ha acabat i la professora m’explica que no pare de mirar per la finestra la Catedral de Palma. El meu marit, el pare de l’Oriol, sempre em diu què és commovedor veure així com em mira el nen quan jo dormo.
Sé que ell sap que l’estimem, sé què els crits l’espanten perquè es posa a tremolar, però és què és tan cansat tenir cura d’un nen així.
L’Oriol havia de ser la nineta dels nostres ulls, ho és. Suposo que per el meu marit ho és més que per mi. A mi em va venir una mica gran tot plegat, no estava preparada per una situació així. El meu marit és més apte per aquestes coses. De fet es passa el dia fent coses per l’Oriol i intentant desxifrar els seus dibuixos. Té la gran convicció què en els dibuixos del nen hi ha el missatge que aquest ens vol dir.
Estic segura que els dibuixos només son dibuixos i prou. Repeticions d’una imatge que l’Oriol degué interioritzar algun dia i no es cansa de representar-la un i altre cop. Sempre fa el mateix, dibuixa tot el que veu amb tot tipus de detalls què vet a saber tu el que volen dir. Gravats de nen vaja!
Si fos per mi els quadres dels ocellots de colors anirien tots directes a les escombraries, però el meu marit els col·lecciona. M’explica que és en els quadres de l’ocell on l’Oriol es comunica amb nosaltres.
Bajanades!
Els metges s’equivoquen però el meu marit també. L’Oriol és un nen amb atencions especials i això és ja una evidència. No és un tonto, però no és un nen normal (paraula que el meu marit m’ha prohibit del vocabulari. Suposo que el diari personal no entrava en el tracte).
Hi ha tants dies que em pregunto que passaria si l’Oriol fos com els demés, si no em fes sentir tan cansada per intentar fer-li entendre lo important d’aquesta vida, per demostrar-li que sí és interessant el que tinc que explicar-li. Per demostrar-li-ho també al meu marit.
Hi ha tants dies que em pregunto que passaria si l’Autisme no hagués posat el peu dret a aquesta casa, que passaria si el meu petit Oriol es pogués alliberar de la presó d’aquest monstre de malaltia que el té pres.
El meu petit nen, la meva vida, el meu estimat Oriol...
Demà l’Oriol tornarà a tremolar perquè em d’anar a l’Aeroport a buscar l’Àvia. Els avions i el seu soroll és una altre cosa que espanten el nen. Una de les moltes coses que espanten el nen.
Estic tan cansada de l’Autisme.
En el fons tinc enveja del meu marit, perquè el meu marit aconsegueix que els imans de pols iguals s’abracin. L’Oriol està completament enamorat del seu pare. Avui li ha dibuixat un ocell de colors. Un altre. Però aquest era realment una gran obra d’art.

Aurora.

domingo, 24 de marzo de 2013

Hablo de...


Hablo del rojo pasión de unos labios moviéndose, de la tenue luz de las mariposas por la noche, del jazmín impregnando el tacto de sus manos.
Hablo del estridor del corazón en cada acorde musical de unas almas que van mucho más allá de esa musicalidad, del ir y venir de la risa, de la perdida corporal de la electricidad.
Hablo del sinfín interminable de un vaivén de felicidad, de las heridas cosidas de los temerarios, del legendario sabor a fresas de un baile en el lago de los no cisnes.
Hablo de la armonía imposible de los más imposibles amores, del roce de dos cuerpos en una canción de jazz, de la mirada penetrante de lo profundo, de la cruel realidad de lo superficial.
Hablo de las musas escritoras trágicas, de la belleza de un simulo floral, de la despedida infinita de la primavera, del rencuentro de un amor fugaz.
Hablo de un vaso trasparente con hielo, del limón del después y del alcohol imborrable de un beso resacoso.
Hablo de la lista de defectos corporales que nos dejan de importar en cada paso de ese baile, del danzar eternamente, de la lluvia que nos tiñe la piel y de perder el miedo a esa pintura húmeda y fría que supone dejarse empapar por tal pincel.
Hablo del arte infantil que cubre nuestros sueños hasta el más absurdo mar adentro y del despliegue de una gruesa manta de fantasía hasta para el cuerdo pensamiento. De la adicta locura que eso nos provoca y de la gran desesperación que nos invade el hecho de perderla.
Hablo de lo sublime de los colores, del intenso resplandor de lo oscuro y la pequeñez de un arcoíris de palabras.
Hablo de la nostalgia que sentimos al comprobar que la canción que antes tenía tanto sentido dejó de tenerlo para siempre. Del empernarnos a volvérselo a encontrar. De perdernos n el intento.
Hablo de la melancolía de un verso cualquiera en cualquier rincón del planeta con, jamás, cualquier persona.
Hablo de aprender a detener el tiempo y enmarcarlo en un primer rayo del ruiseñor. Guardarlo para toda la eternidad.
Hablo de la magia de su sonrisa, de sentirla tan cerca y saber que está tan lejos. Tan inalcanzable, tan presa de su mente, tan extrañamente presa.
Hablo del vinilo insonoro de las canciones que jamás se debieron musicalizar, de la gran cárcel de sus acordes, de la magnífica interpretación que nuestros oídos alcanzan hacer de ellas.
Hablo de las sirenas de una alianza de conveniencia, del vértigo de los abismos cuando éstos se encuentran en nuestros corazones, del dolor inconsolable de ésa caída en cuanto no hay unos brazos para amortiguar. Cuando los brazos que hay no son suficientes.


Hablo del caminar de los lobos por los ténebres bosques invernales, del reencuentro con las hadas y de la resurrección de su pequeña, gran historia incontable.
Hablo de girarse y no ver lo que hay detrás de ella, de no sentir el peso de su historia tatuada en su espalda y de olvidar el sabor de las lágrimas recorriendo las agujas de los tatuajes que describen su piel.
Hablo del amanecer en el desierto saharaui, del desconocimiento inabarcable de su ser, del ringring de su memoria y del sabor a arena que caracteriza el intento desconsolado de conciliar el sueño en una nube de cristal.
Hablo del paraíso de las almas sudorosas de tanto latir, del carmín de sus ojos al sonreír y del lloro interior invisible que dibuja ese mismo carmín.
Pero, ante todo, e insisto incansablemente en ese punto, yo hablo del rojo pasión de unos labios moviéndose. 

Margalida Garí Font.