miércoles, 7 de marzo de 2018

M U J E R E S



Tú,

que sueñas con tatuar de tinta literaria humildes librerías pintorescas.

Tú,

que cambias el color del rímel para no dejar de ver jamás la Primavera.

Tú,

que te sigues mintiendo cuando dices que el Amor está sobrevalorado.

Tú,

que no distingues la verdad más allá de dos poemas.

Tú,

que pasas noches infinitas en formato de ojeras para ver dormir a tus hijos.

Tú,

que llegas tarde a fin de mes y, sin embargo, pierdes el taxi.

Tú,

y ese precioso vestido de gala que lleva tu sonrisa.

Tú,

descontando las horas al reloj para saldar las deudas con el tiempo.

Tú,

viajando a besos, amando a besos y viviendo a besos.

Tú,

y tu celulitis de mariposa cosiendo las cicatrices de tu piel.

Tú,

y tus arrugas más profundas demostrándonos que en la vida una va pisando fuerte.

Tú,

con o sin tacones, con o sin sostén de damisela, con o sin las manchas de un ayer.

Tú,

que en vez de presumir de perfume decides envolverte el cuerpo de flores y ahora tienes por nombre a la estación del amor.

Tú,

que no te atreves a ir en tren por si te pierdes el último tango de tus pasos.

Tú,

que olvidas constantemente llevar pendientes pero en tus ojos una podría guardarse el mar.

Tú,

que sigues asegurando odiar las despedidas en cualquiera de sus formatos y decides nunca irte aunque te vayas.

Tú,

diciendo que tu mejor joya es la de ser mujer y enmudecer a todos los silencios por Real Decreto y Derecho de Ley.

Tú,

que es imposible dejar que las palabras te (d)escriban porque no hay literatura capaz de adornar lo que, ya de por sí, reluce.

Tú,

incapaz de ser la marca de ropa que usas sigues siendo fiel a los lunares de tu piel.

Tú,

habiendo sido callada a golpes y violada a gritos, porque es la única forma que tienen algunos imbéciles de escribir un pésimo poema, sigues siendo preciosa poesía.

Tú,

que no eres tan solo un día ocho de marzo porque enamoraste a todos los días de todos los años y sigues diciendo que tu único amor se llama “yo misma”.

Tú,

que has coleccionado a tantas heridas que ahora ya solo quieres devolverles la voz y hacer que jamás se callen.

Tú,

que sigues mirándote al espejo sin saber qué pintalabios le favorece más a tus labios y olvidas que el mejor vestido de tu boca es todo lo que aún tienes por decir.

Foto: Mama y Madrina, mis dos mujeres por excelencia


Margalida Garí Font

miércoles, 28 de febrero de 2018

El silencio de una lágrima enfermera


Aprendí que a las palabras no hay que forzarlas, hay que escribirlas. Narrar implica tiempo.

            Tiempo para dejar que fluyan, para reordenar los verbos, eliminar los gritos, poner en negrita todos los derechos de página y hacer callar viejos imperativos.

            Escribir desde el respeto pero sin dejar leer olvido.

            Enfermera, que bonita palabra eres.

            Y que poco valorada estás.

            Hace unos días que intento darle letras a este escrito, pero como profesional y, sobre todo, como persona, a veces me cuesta perdonar.

Soy incapaz de perdonar a la osadía, a la injusticia y a la arrogancia. Encontrar palabras bellas para enmudecer a las malas lenguas.

A veces, perdonar no tiene fonética y hay que volver a empezar, ser profesional y sumar lo que otros siempre restan.

Pero hoy soy todas y cada una de las lágrimas enfermeras que un ayer callaron y ahora quieren hablar.  

Hablemos.

Me lo he planteado infinitas veces y aun no lo entiendo. Parece fácil y, sin embargo, se vuelve laberinto por la noche.

Tenemos la profesión más bonita del mundo, cuidamos de personas. Es nuestro defecto de fábrica y, ¡qué preciosa tara!

Entonces, ¿por qué?

Trabajamos en equipos multidisciplinares, muchos de ellos nos abren en canal de una forma tan precisa y minuciosa que Einstein se quitaría el sombrero.

En un quirófano se ven perfecciones equivalentes a la raíz cuadrada más exquisita.

En urgencias se pasa de la vida a la muerte en forma de suspiro y, a veces, hasta volvemos a respirar.

En los Centros de Salud se ha llegado a un grado de excelencia tal que permite prevenir el más cruel de los infartos.

Ayudamos a dar vida a bebés que solo tienen siete meses pero queremos que lleguen a los cien años.

 La psiquiatría ya no es sinónimo de satanás y las personas nunca dejan de ser personas a pesar de las múltiples etiquetas que aún perduran.

Paliativos nos ha enseñado que a la muerte no hay que temerla, hay que decirle “vete” algunas veces y, “aquí te espero”, en otras.

Siempre con amor.

Morir con amor es un vivir para siempre.

Sin embargo, sigo sin entenderlo.

Trabajamos con personas, reímos con personas, lloramos con personas, nos enfadamos con personas, jugamos con personas, soñamos con personas, nos empapamos de personas.

¿Por qué sigue habiendo tantos enfermeros y enfermeras, médicos y médicas, psicólogos y psicólogas…qué se olvidaron de la palabra empatía?

Nuestra profesión lleva la vida implícita.

Cuando alguien abre en canal, abre a una PERSONA.

Lo siento cirujanos y cirujanas, traumatólogos y traumatólogas, neurólogos y neurólogas, no es una mesa de carpintero.

Cuando alguien inyecta un fármaco, realiza una cura, una técnica invasiva, una explicación del por qué fumar mata, lo hace dirigiéndose a PERSONAS.

Lo siento enfermeros y enfermeras, no son almohadas para soñar.  

Antes, hace tiempo (demasiado), pensaba que las palabras empatía, humildad, humanidad estaban implícitas en todas las profesiones que trabajan con personas, pero al largo de mi carrera y de mi vida laboral me he dado cuenta de lo lejos que están esas palabras de algunas bocas.

Es triste, tan triste como que aun hoy la gente muera de hambre.

Pero claro, después analizo bien la situación y pienso, cómo se va a acabar la pobreza si ni siquiera se opera a una barriga con amor. Y, en el caso de que sí se opere con amor cuando la PERSONA despierta ese amor ya ha expirado.

El silencio de una lágrima enfermera son todos esos abrazos que deberían recibir las PERSONAS que trabajan con PERSONAS, para recordarles la lección número uno de nuestra profesión: que jamás se nos apague la llama.

Porque el día que dejemos de emocionarnos deberemos plantearnos dedicarnos a otra profesión porque en ÉSTA, la emoción es el primer y el último capítulo.

 Ya que quizás, algún día seremos nosotros quienes estemos sobre una mesa quirúrgica y ya me contareis que hace más falta, si la sutura más disimulada del año o el amor más perdido del mes.










Margalida Garí Font



CUIDAR también es CURAR.

martes, 6 de febrero de 2018

E l l a

Ella, haciendo de su fragilidad coraza,
cambiando de rumbo para desvestir al miedo.  
Ella,
que aún conserva dos diamantes grises a modo de ojos
y no sabe que en su mirada, la luna, también se prende.

Ella, tan valiente y tan bella.
Y aunque pudo haber sido cobarde,
a su espalda dejó todas las dudas y borró sus devoluciones.

Ella, que a pesar de mi chantajear al tiempo
no pude evitar que éste la hiciera mujer.
Pero, ¡qué mujer!

Ella, poseyendo en el pecho un corazón lleno de abismos,
tan profundo que en él caben todos los sueños,
tan ancho que en él guardamos todos nuestros besos.
Para que no se nos pierdan,
para que no se nos pierda.

Ella, deshuesando a la vida todas sus sonrisas,
una a una,
frente a frente.

Así, en formato corazón y letra para siempre.
Doble espacio,
dos y medio de márgenes.
Sin cursivas.

De todos los poemas, el de Ella,
hace de la poesía, piel.
Y de la piel, acordes.

Éste poema es su preciosa canción. 




MGF.
Un poema val més que mil paraules.
 

 

miércoles, 24 de enero de 2018

Isla empieza por mar.


Isla empieza por mar.

El azul haciéndonos de espejo para el alma,

la montaña dibujando nuestra huella más plebeya.

Una isla,

todas nuestras insignificancias.



Isla empieza por mar

y si es Mediterráneo,

 se escribe a suspiros cubiertos de sueños.

Primaveras con flores de almendros.

 Ése siempre fue su mejor vestido de gala.



Isla empieza por mar

y dicen que para algunos el agua se vuelve cárcel.

Dulce ignorancia. 

El mar no es quién retiene pero sí libera.



Y es que cuando te vas de la isla siempre vuelves,

porque un paraíso es aquél que te deja ir sin marcharse del todo.



Imagina


Isla empieza por mar,

un mar con faldas de sal.

Esa belleza con aliño capaz de hacer,

 de un corazón,

prenderse.

Isla empieza por mar pero no acaba con olvido.



Margalida Garí Font,
A Mallorca,
mi precioso regalo llamado hogar.

domingo, 19 de noviembre de 2017

H E R V I D A



A pesar de las heridas.
Nunca nadie y, sin embargo, siempre todos.
Algunas son tan profundas que su altura causa vértigo al abismo.
Otras, más superficiales, jamás dejan de escocer pero el olvido las amansa hasta que un día, de repente, cicatrizan en silencios.
Las hay de todos los colores, con o sin purpurina.
Hasta las estrellas y bajando al mismisimo infierno.
Heridas.
Quizás algún día formen parte de la piel, de nuestra identidad pero aun así, no somos capaces de dejarlas de lado. Hacemos y deshacemos dependiendo de las suturas.
El amor y las heridas la más potente de las bombas nucleares.
Los sueños y las heridas, el miedo haciendo de la vida pasajes de cobardía.
Hay cuerpos con tantos cosidos que ya no encuentran piel en dónde arder ni brazos a los que aferrarse.
Y no es triste,
y no es cruel.
Es la vida misma haciéndonos fuertes.
Es la vida misma luchando para que seamos más fuertes.
A pesar de las heridas,
nosotros seremos más fuertes
(que ellas). 



Margalida Garí Font 

Hervida: Dicho de las heridas realizadas por la vida.

jueves, 19 de octubre de 2017

E a r t h



Jo, sóc la foscor.
Sóc la llum.
Sóc tots els panys sense claus que hi ha dintre del teu pit.
Sóc cada una de les portes tancades que et fan mal però t’alliberen.

Jo, sóc la immensitat, l’infinit sense horitzó.
Sóc tota la teva soledat,
la certesa de la teva insignificança.
El pacte clar de que tu ets prescindible.
Sense mi no hi ha un vosaltres i,
 aquesta,
 és una veritat que t’ofega.

Jo sóc les teves pors (totes elles),
els teus dubtes.
Sóc la incertesa prenent-se foc.
Jo també sóc la bellesa de les quatre estacions encara que no sempre les mostri a totes.
Sóc la gosadia, l’enveja, l’auba i la mort.

Però jo...
Sóc l’infinit, la renaixença i la vida.
Sóc totes les energies fent-se l’amor.
Sóc l’aigua, l’aliment, l’escalfor i la calma.
Jo sóc tots els teus pecats en llibertat no condicional,
El catorze de febrer dels tres-cents seixanta-cinc dies de l’any.

Jo sóc...
 tota la poesia que ningú mai va poder escriure
però que tothom, 
sempre, 
ha sentit.   

La Terra 


sábado, 14 de octubre de 2017

Ella, pintora.



Ella tiene las ojeras repletas de mariposas.
Luz en su mirada, segura de que así, si llega la noche él no se perderá.
Ella tiene un corazón de melocotón:
 terciopelo por fuera,
muy denso por dentro y con un núcleo de acero en el centro que almacena a todos los nombres del desamor.
Tiene un pelo rebelde y despeinado que le hace siempre juego con su sonrisa.
Ella y sus pómulos marcados jugando a ruborizarse por nada.
Es caos y desorden atemporal.
Lo que le hace bella es su alma salvaje.
Lo que le hace irse es no saber quedarse.
Sin embargo, cuando se queda, se queda muy adentro.
Muy para siempre.
 Ella es duda, es miedo y es sinrazón.
Insensata.
Impulsiva.
Incendio.
Su refugio tiene puertas de letras y poemas de todas las épocas.
La naturaleza es su primer amor porque sus límites empiezan donde acaba la mente.
Ella tiene océanos en sus ojos y de vez en cuando se dedica a llorar todos sus mares.
Tiene un corazón hecho de pedazos y para esconder cicatrices lo pinta de colores.
Presume así de tener un corazón en arcoíris y afirma que el arcoíris es la sonrisa de la tierra pero del revés y no su cara triste.
Sin embargo,
lo confiesa,
odia tener que pintar cicatrices porque tienden a escocer.
Y dice que cuando escuece no cura pero se recuerda y eso escuece aún más.
Ella es pasión y caricia en un mismo latido.
Es revolución y evolución.
Perder y perderse.
Ella, cada vez que él la toca se apaga de tanto encenderse.
Y resulta, que toda la pintura de colores se derrite con su fuego dejando al descubierto todo un corazón de cicatrices que escuece, que no para de escocer.
Por un instante:
desnuda fragilidad.
Pero no se preocupa porque él siempre decide irse,
y ella acaba por entender que hay que pintar también sobre su piel.
Ella,
tiene las ojeras repletas de mariposas y un corazón en arcoíris que sonríe pero del revés.
Ella.
Ella,
sin él.



MGF


Poema:
Life and death, energy and peace.
If I stop today it was still worth it.
Even the terrible mistakes that I made and would have unmade if I could.
The pains that have burned me and scarred my soul, it was worth it, for having been allowed to walk where I've walked, which was to hell on earth, heaven on earth, back again, into, under, far in between, through it, and above.
Gia Carangi.