lunes, 1 de junio de 2015

La duda de una dama

Pero la duda, caballeros, llega cuando una dama se siente vacía. Como ustedes comprenderán, dicho sentimiento no la complace, es más, la destruye, cada día, un poco más por dentro y por fuera.
Señores, la duda llega cuando el amor no basta, cuando un invierno, sucede, que tienes calor o que te cala el frío en verano.
La duda pasa cuando a las preguntas se les olvida atarse los cordones de las respuestas, cuando en el desván solo quedan vestidos de fiesta sin estrenar y cenas románticas sin abrir. La duda es pintarse las uñas de verde esmeralda o de rojo pasión, atarse el cabello o liberarlo, dar un beso o un adiós, gritar o callarse, mirar o pasar de largo, Segovia o León, caerse o estarse quieta. La duda es levantarse sin herirse.  

La duda, caballeros, es cuando una dama se marea porque entonces ocurre que se le marea también el corazón. Y un corazón dando tumbos, señores, puede pasarse toda una eternidad buscando el infinito. El infinito y más allá. 




Margalida Garí Font

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