Pero la duda,
caballeros, llega cuando una dama se siente vacía. Como ustedes comprenderán,
dicho sentimiento no la complace, es más, la destruye, cada día, un poco más
por dentro y por fuera.
Señores, la duda llega
cuando el amor no basta, cuando un invierno, sucede, que tienes calor o que te
cala el frío en verano.
La duda pasa cuando a
las preguntas se les olvida atarse los cordones de las respuestas, cuando en el
desván solo quedan vestidos de fiesta sin estrenar y cenas románticas sin
abrir. La duda es pintarse las uñas de verde esmeralda o de rojo pasión, atarse
el cabello o liberarlo, dar un beso o un adiós, gritar o callarse, mirar o
pasar de largo, Segovia o León, caerse o estarse quieta. La duda es levantarse
sin herirse.
La duda, caballeros, es
cuando una dama se marea porque entonces ocurre que se le marea también el
corazón. Y un corazón dando tumbos, señores, puede pasarse toda una eternidad
buscando el infinito. El infinito y más allá.
Margalida Garí Font

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