sábado, 14 de marzo de 2015

Diez minutos

Absolutamente cualquier cosa puede traducirse a diez minutos:
Los minutos que me hacen falta para asegurarme de que aún sonríes son diez, los nueve primeros para pensar un plan y el último minuto para ejecutar tú risa.
Diez minutos para que me resumas como estás, no hacen falta más. Diez minutos para decidir si dices la verdad o si finges que no mientes.
Diez minutos para cambiar tu prisa, para volverla estática, para que decidas quedarte diez minutos más.
Diez minutos para asegurarme de que hoy tampoco me quieres, que mañana, en diez minutos, menos me querrás.
Diez minutos para huir de tu hechizo. Diez para regresar.
Diez minutos para pintar mi felicidad. Diez para borrarla.
Diez son los minutos que tardo para llegar donde tú estás y diez minutos son los que sumo a esos minutos para volverme sin verte, sin habla, sin tiza.
Diez minutos para soñar que el mar, al fin, se calmará y me quedaré flotando sin pensar en nada sobre su capa de cristal. Diez minutos para ahogarme bajo las olas que no paran de crecer y que, al parecer, hoy tampoco pararán.
Diez minutos para mirarte sin que te sientas observado. Diez minutos para grabarme cada parte de tu cuerpo en mi mente sin que te des cuenta. Diez minutos para archivar la imagen y hacer callar al cuento.
Diez minutos para perder el miedo, para sobrellevar que aún muero.
Diez minutos para revolver el viento y robarle diez minutos más al tiempo.
Diez minutos para silenciar tus palabras, para no escuchar el disparo y que para cuando éste me alcance tener tiempo de poner el corazón a tiro y hacer que, de una vez, se calle.
Diez minutos para amar profundo, para poder desnudar tu cuerpo, para desnudar tu alma. Diez minutos para desnudar la mía.
Diez minutos para cambiar de plato, para rozarte la mano a escondidas, para que no te des cuenta de cuánto aún te quiero, de la prisa que no me llega para construir un muro más fuerte, más doble, más real.
Diez minutos para cambiar el rumbo, para cogerte de la mano y subirte a un avión, a lo loco, a lo desesperado, a lo más cuerdo de todos.
Diez minutos para perder mi llave, la que abre secretos y guarda imposibles. Diez minutos para encontrarla, diez minutos para cerrar en doble vuelta y un olvido.
Diez minutos para los leones que me devoran por dentro, los que tú ya no ves, los que dejaste correr a su libre albedrío por mi mente. Los que nunca mueren pero a veces duermen.
Diez minutos para llorar sin una sola gota que caiga majilla abajo. Diez minutos para prometer no volver a llorar por quién no llorará por mí.
Diez minutos para fumarse un cigarrillo de fantasía. Diez para apagarlo, diez para esperar.
Diez minutos para ponerme mi mejor vestido, mi mejor peinado, mi pintalabios rojo. Diez minutos para sentirme bien.
Diez minutos para entender que, ya jamás, habrá diez minutos más.




Margalida,

Te concedo diez minutos, corazón roto. 

viernes, 13 de marzo de 2015

Podries...

Podries pensar que aquestes paraules, com tantes altres abans, no tenen sentit. Podries pensar que aquest sol radiant que em maquilla la cara és el causant de la llum que avui sembla fer-me un preu de rebaixes.
Podries, només per un dia, deixar l’orgull a l’altre cantonada, deixar-hi també la tristesa i escoltar-me.
Podries agafar aire i anar a veure la mar. Sentir com cada ona és una nova oportunitat que tens de respirar. Sentir que sí la mar està en calma és perquè basta de plorar tempestes.
Podries reconèixer, que per un segon, t’hauria agradat que et digués baixet a l’orella que encara hi ets a temps, que fins que moris hi seràs a temps, que a estimar un sempre hi és a temps.
Podries deixar el cafè i les torrades d’aquest matí per desaparèixer unes hores dins el cotxe amb mi, com sí després ja no haguérem de ser més a aquest recó d’hivern.   
Podries no descosir-me més el cor que després tota la brutícia surt a fora i jo ja estic massa cansada de netejar tants impossibles.
Podries fer un esforç, un de més gran, i veure més allà de tu i la teva desafortunada tragèdia. Podries començar a pensar que fou necessària per, avui, tornar a començar.
Podries deixar de mastegar el coratge i la pell de la llibertat. Podries tornar a veure, tornar a riure, tornar a sentir, tornar a estimar.
Podries pintar aquesta disfressa negre que de tan rovellada que la portes ja ha tornat grisa. Podries pintar-la de blau o de verd, perquè et queden tan bé aquets colors amb el teu somriure...
Però, encara així, el que podries fer de veritat, el que realment podries intentar...
Amor, podries no tornar,  mai, deixar-me d’abraçar.    



Margalida

domingo, 8 de marzo de 2015

Homenaje: Día de la mujer

María trabajaba de lunes a domingo sumergida entre la caja de un supermercado y las tareas del hogar. María tenía la carrera de Educación Social y dos especialidades pero dedicaba sus aprendizajes a pasar los productos de los clientes en la caja del supermercado con los ojos de, una noche más, no haber dormido. María era enfermera de su hija Luz de cinco años las veinticuatro horas del día y ex mujer de un ex marido que cuidaba muy bien de la hija de ambos pero que se desenamoró de ella por enamorarse de una mujer madrileña muy elegante y muy simpática que ahora estaba a punto de dar a luz a su segundo hijo.
María se levantaba corriendo, preparaba el desayuno corriendo (el de su hija también cuando no se quedaba con su padre), llevaba a la niña con los ojos dormidos y el desayuno en la boca al colegio también corriendo, se dirigía al supermercado corriendo más aún y, al finalizar, se marchaba corriendo a buscar a Luz que se hallaba en casa de su vecina. Finalmente, preparaba la cena corriendo y se quedaba dormida en la cama de su hija sin haber limpiado la casa ni haber tendido la ropa pero con la certeza de que ya mañana le daría tiempo.
María decía que Luz era su motor y que por ella hasta dejaría a la vida. La verdad era que María ya hacía tiempo que había dejado escapar su vida. Ahora solamente vivía de tanto amar a Luz. Luz dijo una vez a su profesor de plástica que su mamá no sabía dibujar muy bien pero que sus pinturas serian mejores que las de cualquiera solo por el hecho de haberlas pintado ella. También le dijo Luz a María una de las veces que se quedó dormida en su cama creyendo que esta ya dormía que “no te preocupes mamá, yo cuidaré de ti cuando te duermas”.
María era una mujer de cristal, dura y frágil a la vez que se mantenía a flote porque luchar la mantenía a flote. María no era demasiado inteligente ni demasiado guapa, ni tenía un nombre demasiado original. Pero María era sabía, preciosa y su nombre era su etiqueta pero no su persona.
María no se quejaba por nada ni se enfermaba por nada aún estando a cuarenta de fiebre. María ya no pedía nada ni quería aspirar a algo más que no fuese ver crecer a su hija y tener amigos y familia que la quisieran. María no lloraba muchas veces estando acompañada pero sí lo hacía de vez en cuando para limpiar el corazón, “para dejar correr el agua le decía su mejor amiga Ana”.
María aún cantaba en la ducha y bailaba el twist con su ex suegro las tardes del viernes mientras Luz les hacía fotos con los ojos desde la mesa número cuatro fingiendo hacer un dibujo.  
María tenía el corazón a trocitos que iba soldando poco a poco con el tiempo y con amor. Aún teniendo el corazón a trocitos María decía que al menos ella tenía un corazón que curar pero que había gente que iba por la vida con el corazón podrido y que eso ya no tenía cura.
María era Educadora Social y cajera de un supermercado. A María no le importaba mucho en qué trabajar solo quería que Luz le iluminara el camino y que su corazón soldara. María no era ambiciosa pero tampoco conformista. Se había pasado muchas horas practicando matemáticas para cuando Luz fuera más mayor poderla ayudar en la asignatura que a ella más le costó de pequeña. La verdad es que a Luz se le darían bien las matemáticas y se convertiría en profesora de Física por las mañanas y en enfermera de María por las tardes.
Luz tenía quince años cuando a María le diagnosticaron Alzheimer precoz. Al principio María no se lo quiso decir a nadie ya que conocía a la enfermedad y su evolución y confiaba que tardaría años a hacerse notar. Se equivocó.
Primero fueron las matemáticas que se le borraron sin previo aviso de la cabeza y tuvo que dejar la caja del supermercado para ubicarse en el almacén y fingir dolor de estomago para no ayudar a Luz con los deberes. Después fueron las recetas de su amiga Ana y dejó de cocinar los pastelitos de almendras los días de sábado. Seguidamente se le olvidaron los pasos de Twist y el nombre de su ex marido y tuvo que empezar a informar a la familia sobre su enfermedad.  
Cuando Luz tenía veinte años María ya no podía trabajar y se quedaba en casa de su vecina mientras Luz, corriendo, iba a clase, estudiaba o pasaba a ver a Víctor, su novio, rápidamente y volvía corriendo a buscar a su madre, preparaba la cena y se quedaba dormida en la cama de su madre sin haber limpiado la casa ni haber tendido la ropa pero con la certeza de que ya mañana le daría tiempo.
En la graduación de Luz, María fue empujada en una silla de ruedas por su amiga Ana y acompañada de su vecina porque su cabeza había olvidado el caminar. Cuando Luz recibió el diploma de Física pidió permiso al Director para hablar y mirando a su madre dijo: “No te preocupes mamá, yo cuidaré de ti cuando duermas”. María la miró como si recordara algo y le sonrió después de muchos años sin sonrisas en sus labios.
Llevando Luz tres años de profesora, María le dijo un día que parecía encontrarse mejor: “Cariño, al final habré sido afortunada por haber tenido una Luz en el camino que me soldara todos y cada uno de los pedacitos del corazón.”
María recordó hasta su último latido una única palabra: Luz.
Luz creció y cuidó a su madre de la mejor forma que pudo, de la forma que había aprendido con ella.
Cuando María murió a Luz se le quebró el corazón en pedacitos pero sabía que con el tiempo y amor acabaría soldándolos.
Hoy en la librería había un libro de “Matemáticas para padres”. En el subtitulo se podía leer: “No te preocupes mamá, yo cuidaré de ti cuando duermas”.

                                                                      Escultura de Martin Hudáček 

Margalida Garí Font,

Porque todos los días son el día de la mujer, porque todas las noches hay alguna Luz. 

viernes, 6 de marzo de 2015

Apagar la llum

Però estimat, aquesta nit no he apagat la llum perquè volia seguir desperta. No he respirat profundament perquè volia deixar escapar l’aire. No t’he esperat a la taula perquè m’han enganxat les ganes d’estar sola. No t’he desfet el llit perquè l’escalfor estava a la cuina. No t’he besat als llavis perquè els volia secs d’amor.
Però estimat, aquest matí no he preparat l’esmorzar perquè volia deixar parlar a la panxa. No he agafat el diari perquè no volia mentir al meu interès matutí. No he fet el llit perquè volia pensar que encara hi quedaven alguns dels teus somnis sense poder dormir. No he tancat la porta perquè necessitava no sortir.
Però estimat, aquesta tarda no he accelerat el pas per arribar a casa i veure els teus texans que, ara ja fa massa temps, et vaig dir que eren els meus preferits. No he passat pel cafè calent de l’Avinguda per apropar-me silenciosament a tu i dir-te a l’orella que t’estimo però que al cafè també. No he estirat els braços per endinsar-me dins una abraçada de tu. No he fet el somriure de felicitat quan, a la fi, t’he vist.
Però estimat, potser sóc jo, potser ets tu, potser ningú.
Però estimat, aquesta nit no he apagat la llum perquè volia seguir desperta.
Però estimat, aquest matí no he preparat l’esmorzar perquè volia deixar parlar a la panxa.
Però estimat, aquesta tarda no he accelerat el pas per arribar a casa i veure els teus texans que, ara ja fa massa temps, et vaig dir que eren els meus preferits.

Però estimat, la por de no estimar-te, avui, m’ha paralitzat. I he apagat la llum.




Margalida Garí Font,
 Perquè tots hem tingut por de ja no estimar. Perquè tots hem apagat la llum en algun moment de les nostres vides.

sábado, 21 de febrero de 2015

El arte del pedir


El arte del pedir es simple y gratuito:
Se pueden pedir coches y casas grandes. Se puede pedir el sol y también la lluvia, se puede pedir un amigo y el amor, se puede pedir el príncipe azul y el rosa, la princesa dulce o la gruñona, una rana o un sapo, una zanahoria o una coliflor. Se puede pedir más tiempo y también menos, se puede pedir una conversación, una cita o una botella de Licor 43, se pueden pedir violetas aunque sea invierno y que cante el búho estando el sol. Se puede pedir un beso, un sueño o una canción, también se pueden pedir naranjas en Mayo y cerezas en Enero.
El arte del pedir es soñador:
Se puede pedir el viaje al país de Nunca Jamás y se puede pedir ser el Capitán Garfio, se puede pedir que vuelva solamente el andar y que regrese el perfume de los almendros. Se puede pedir libertad para los lunes y segmentación de todos los sábados. Se puede pedir la escoba, la cama y la corbata de Brad Pitt. Se puede pedir que me ames.
El arte del pedir es traicionero:
Se puede pedir un trabajo pero no el que se quiera, se puede pedir un abrazo pero no de quién se quiera. Se pueden pedir flores pero no de quién ni en qué momento. Se puede pedir un baile pero no el bailarín, se puede pedir un sueño pero no lo eterno. Se puede pedir un viaje pero no el regreso. Se puede pedir una carrera pero no tu agrado. Se puede pedir a la familia pero no su encaje. Se puede pedir todo lo que una quiera pero no su precio.
El arte del pedir es eficaz:
Se puede pedir por la mañana, al medio día, por la tarde, por la noche y durante la noche. Se puede pedir haciendo el pino o mirándote de reojo. Se puede pedir siendo de derechas y también de izquierdas. Se  puede pedir siendo de nadie y siendo nada. Se puede pedir con energía y también sin rabia. Se puede pedir estando sola y acompañada. Se puede pedir sin pedimentos ni danzas.
El arte del pedir es un arte:

Se puede pedir cualquier cosa pero el resto es solo suerte y una gota de desesperación.


Margalida Garí Font

lunes, 9 de febrero de 2015

¡Malditos lunes!

¡Malditos lunes!
Que nos enganchan a la piel de la cama y que no nos dejan ni exprimir las naranjas para hacer zumo en la mañana. Esos cobardes lunes, que nos retan a sonrisas y a café cargado y después se van mirándonos de reojo como queriéndonos decir: “¡jódete y camina bella dama!”.
¡Malditos lunes!
Que nos amargan el sueño y nos endulzan la sal de los besos de despedida para ir al trabajo (o a buscar, un día más, trabajo). Que nos subastan a cambio del tiempo. Tiempo perdido, subastado y amargado.
¡Malditos lunes!
Que nos aman sin amor alguno, que nos regalan sospechas de fin de semana a cambio del aterrizaje laboral surrealista y muy español.”¡España es grande!”. Lunes de carnaval, de prostituirse por un trozo de pan. De abrir la perfumería o el supermercado o la cafetería con ojeras en los ojos y dos carreras y un máster en el abrigo congelado de nuestras espaldas.
¡Malditos lunes!
Que nos enseñan a vivir el sueño americano con sabor a comida china. Que nos traen ramos de rosas sin rosas pero con margaritas y un toque de canela. Que nos hacen escuchar rock para sobrevivir a la gran audiencia de los viajeros que se enorgullecen de escuchar a los 40 Principales sin tan siquiera haber probado el zumo de naranja no exprimido de las mañanas.
¡Malditos lunes!
Que nos cabalgan sin preguntar hacia los martes, sabiendo que después viene un miércoles que nos guiará al jueves, que nos mandará por correo certificado al cabrón del viernes que nos mete en un tren exprés con parada rápida al sábado y resaca de domingo para devolvernos, de nuevo, al…¡maldito lunes!
¡Malditos lunes!
Que nos conocen como engendros malvados, que nos esperan con calma y nos centrifugan en un programa de lavadora sin plancha. Que nos pintan los labios y nos ponen corbata, que nos cambian los sueños por planes de pensión y seguros de vida. Que nos abrazan a horas y nos obligan a quitarnos el pantalón del pijama. Que nos mantienen la mirada y nos dicen, sin vergüenza ni contrato, “¡jódete y camina bella dama!”.
¡Malditos lunes!
Que aún no sabemos cómo mantenerles firmes, como encarar su presencia y convertirlos en viernes por la tarde o en vacaciones de verano. Que nos dibujan arrugas en la frente y nos embuchan la chaqueta para salir a tomar el aire helado mañanero, ¡sin tan siquiera haber exprimido las naranjas!

¡Malditos lunes!
Que ni queriéndolo se vuelven amenos, que nos enjuagan la boca con dentífrico de sabores y nos quitan los besos. Que nos cobran por tiempo y nos prestan la risa por turismo juerguista extranjero. Que nos cambian el poema por la factura de teléfono y nos invitan a ir saliendo.
¡Malditos lunes!
Que pasan los días, los años, los siglos y siguen siendo malditos. Que ni el diablo les abre la puerta del infierno porque dice que él está de vacaciones terrenales. Que ni oriente los acepta porque no constan de buena reputación. Que ni las tribus más remotas quieren su presencia porque ignoran el vocablo y quieren seguir ignorándolo por los siglos de los siglos y amén.
¡Malditos lunes!
Que hasta inspiran a la escritura, que tienen el honor de estar presentes en todas las cosas y se ponen la medalla del desamor como bandera haciéndonos un guiño escocés en forma de brindis de cerveza negra. Que nos dicen que vayamos tirando que ellos nos esperan sin prisas (pero sin pausas). Que nos agrandan el caos mental y nos empequeñecen los sueños. Que nos empequeñecen el alma. Que nos empequeñecen los días. Que nos empequeñecen la vida…
¡Malditos lunes!
Algún día, no muy lejos, tampoco exactamente cerca, os devolveremos el juego, os meteremos en el horno y sacaremos pastelitos de fresa.
Algún día, no todavía, os cambiaremos por cualquier otro día, por cualquier otra lluvia y no pediremos el ticket de devoluciones ni la sección de últimas tallas.
Algún día, aún  no, nos volveremos guerreros de paz y os desterraremos del júbilo y os empeñaremos por nada, que no hay peor empeño que ese. Y nos beberemos la cerveza negra de vuestro almacén de amargura y haremos un brindis y os olvidaremos sin pensarlo. ¡Que no hay peor tragedia que el olvido!
Algún día, mañana, despertaremos de un plácido sueño con el corazón calentito y los ojos dormidos y tendremos tiempo para exprimir las naranjas y bebernos el zumo justo en el momento previo en que, sin temblor en los labios y con sabor a fresas mañaneras, gritaremos hacia el cielo: ¡jodeos y caminad bellas damas!
Y no habrá más lunes, ni cafés cargados, ni sueño, ni sabanas pegadas. No habrá más guerra, ni tiempo, ni faltas de comida ni de amor. No habrá más trabajo que buscar porque no habrá dinero que se necesite ni codicia que lo retenga…no habrá más ignorancia porque los libros serán para todos y las mentes tendrán dónde escribir y a quienes les lean.
¡Jodeos y caminad bellas damas!

Algún día, quizás hoy, gritaremos.


Margalida Garí Font
Febrero2015 

martes, 3 de febrero de 2015

Bihotz sakonean

Del silenci va brotar-ne l’oblit,
De l’oblit en va créixer alguna rossa plena d’espines,
De les espines hi va viure, durant dies, una preciosa papallona,
De la papallona hi va ressorgir l’esperança. Lluminosa, llunyana, captiva.
De l’esperança hi degotaren totes les llàgrimes que tantes cicatrius havien ofegat,
De les llàgrimes hi va néixer el mar en calma però també la tempestat,
Del mar van cantar-hi les sirenes que encara ara enlluernen els mariners,
De les sirenes sorgí la música, lloc on tots perdem la temporalitat i la crosta,
De la música vingué la poesia, enigma dels savis i presó celestial,
De la poesia van vesar-ne els sentiments, laberint que, ni avui, té porta de sortida,
Dels sentiments es recobrà el silenci i la lluna plena a les nits d’estiu.
Del silenci ja no va brotar-ne més oblit i de la lluna es van veure les profunditats.
De les profunditats és del lloc on va enamorar-se el cor.
El cor va seguir guardant el silenci i també seguí guardant oblit i espines, papallones i esperança, llàgrimes i mar, sirenes i música, poesia i, sobretot, els sentiments.
El cor seguia segrestant-ho tot i deixava el seu tresor ben desordenat al seu fons, a les seves profunditats. 
A les profunditats del cor...

hi havia un tresor. 




Margalida Garí Font

sábado, 24 de enero de 2015

Quedarás

Te escribo sin sentido, sin razón, sin pluma y con miedo.
Te escribo con los ojos cansados y la mente dispersa.
Te escribo para que no me leas pero lo sepas.
Te escribo a escondidas y a ciegas.
Te escribo agachada y sola.
Te escribo en pequeño.
Te escribo del revés.
Te escribo sueños.
Te escribo a ti.
Para ti.
En ti.
En ti.
Para ti.
Empiezo lenta.
Empiezo sin palabras.
Empiezo sin discusiones, amable.
Empiezo a deshacerme de lo de a dentro.
Empiezo a desprenderme del corazón y, de nuevo,
Empiezo a usarlo de tintero y por tinta destiño a la sin razón.
Empiezo a hacerte saber que a ti también te quiero, ayer menos.
Empiezo a robarte el beso, el que no me has dado, y crees que no quiero.
Empiezo a marcharme, siempre lo hago, y a sentir que muero porque tú, vas a quedarte.
Entonces, te escribo porque empiezo a leer que tú, cuando yo me vaya, te quedarás.
Te quedarás,
Te
Quedarás…lejos,

cerca, 
fuera, 
aquí. 




M. Garí

domingo, 18 de enero de 2015

Las dos caras de la Luna

Hacer callar al tiempo sería el más hermoso de los legados, y que el tiempo se callara para ser eterno seria el sueño de muchos y la codicia de otros. Sin embargo, nuestro tiempo parece seguir marcando puntualmente cada hora y minuto sin descanso, sin alivio, sin sueño y sin retorno.
No soy nadie, me repito cada día, soy efímera, minúscula, nada, para el mundo, hasta para el tiempo dejo de tener sentido y decimas de segundo. No obstante, mi mente anhela no pasar desapercibida, que no es lo mismo que ser popular, sino dejar una pequeña huella, una migaja en la tierra, una partícula invisible para el universo, un no sé qué, un qué se yo que modifique, sin percatarnos, las redes que hilan en el cosmos. En definitiva, dejar palabras, letras, sentido, pensamiento, caos.
Somos codiciosos, nos gusta aspirar a ser dioses, ricos y hedonistas cuando, en realidad, somos esa nada pesada que se reproduce, destruye cualquier ser o cosa que se le anteponga y muere así como nació, solo. Aunque, no todo es nada ni todo es codicia, también existe la otra cara de la luna, la cara blanca aunque muchos se empeñen en llamarle la cara oculta o negra. Es para esa parte de la existencia para la que yo tiño papeles de tinta y para los que jamás dejaré de pintarles palabras y sentido. Todos los demás, absteneros de seguir leyendo porque no hay cabida en mi paraíso literario para vosotros, los nada en los cuales yo misma ya siento estar contaminada.
La cara blanca de la luna, lugar de poesía, de música en directo, de clásica, de rock, de blues, reggae, pop y, por supuesto, jazz. Lugar de pobres y de muy pocos ricos, de soñadores (but I’m not the only one, dijó John Lennon), lugar de creadores, de intelectuales, de matemáticos y damas de casa, de campesinos y astrofísicos, de creyentes y de ateos, de anti sistemas y de unos pocos políticos, lugar de todos los niños aunque estén obligados a llevar un rifle o a embucharse caramelos en Navidad, lugar de personas mayores que llevan la experiencia por bandera y el espejo de juventud en los ojos, lugar de todos los animales del planeta sin que sean parte del alimento sino del círculo de la vida, lugar de mujeres con todos los derechos pagados en los cuales no se excluyen ni a las prostitutas ni a las abogadas, lugar de hombres sea cual sea el color de su piel, todo el mundo en el mismo peldaño. Lugar de gente delgada y gente que no cumple el canon estético del siglo XXI (¿qué canon es ese? ¡Fuera de la luna!). Lugar de discapacitados, para ellos el premio Nobel Lunar. Lugar de atletas y sedentarios, de sin techo y de medio ministro. Lugar en dónde el dinero no cabe, en dónde todo se comparte, aunque se tengan cosas particulares que no nos duela compartir un trozo de pan, una cama, o una conversación. Lugar de reinas y reyes pero de los de cada día, de los que rozan el corazón, lugar de todos y no de nadies.
No cumplo los requisitos académicos ni de coeficiente para que mis frases sean leídas en todas partes, tampoco lo considero prioridad. Me conformo con unos pocos, con un granito de arena, un rayo de esperanza que pasa, estalla y se apaga pero que ha sido visualizado por unos contados ojos. Que no pasa de largo, que va caminando despacio y abarcando todo lo que puede.
Y, lunas, ahora esto va dirigido a ambas caras, si alguna vez mi luz se apaga, se apagará sin duda, pero si se apaga sin haberme dado la elección del despido, quiero que esto quede escrito en sangre si es necesario:  
“Escribir no es tarea ardua, todos podemos hacerlo, transmitir es algo más complicado. Quizás yo no lo esté logrando, quizás no podáis, jamás, oírme, pero quiero que quede claro, hasta trasparente. No soy nadie, me repito, sin embargo, sin aspirar a ser un dios, aspiro a ser humana y a creer en la humanidad, a no rendirme, a luchar con vosotras, lunas, ambas podéis hacer del negro blanco y del blanco relucir. Mi corazón habita en una isla mayor de tres pequeñas islas pero mi persona solo es feliz cuando transita por el resto del planeta, mi misión no es clara, dudo hasta que sea misión, pero lunas, mis queridas lunas, hay que fusionarse para hablar y hay que hablar para ser escuchadas, ser escuchadas para hacer sentir, sentir para movernos el alma y moverla para, al fin, hacer callar al tiempo. Aunque este siga estando, ¡qué calle para siempre! Qué nos deje estar, ser, vivir y, sin duda,  morir, en paz.”

Ésta es, lunas, la tarea de mi escribir.

Fotografia de Jaume Gayà:  https://www.facebook.com/jaumegaia.photography

M. 

miércoles, 7 de enero de 2015

Accepta-ho, amor.

Desprès del Nadal, la tassa de xocolata, els amics, els dinars, la família, els regals, la esquizofrènia materialista del planeta i de tocar de peus a terra com a punt i a part, toca escriure en català. Perquè sempre que una vol parlar clar ho ha de fer amb la seva llengua materna, i avui m’ha pegat la bogeria de ser precisa i exacte, termes pocs usuals a la meva literatura i, tan necessaris, de tant en tant.
El principi és de sentiments, com no podia ser d’altre manera, i després qui sap el que vindrà, potser paraules, o tal vegada el silenci i la prosa, qui sap si apareixerà l’entumiment de Venus, o la serenitat de Dante o el no res, o el tot, o callar.
 Parlar-vos de l’amor és un tòpic, res nou, massa cançons sobre el tema, massa poemes i històries, massa records i idealitzacions, massa espines i rosses, en definitiva, massa amor. Però de l’amor que jo vull parlar no se’n parla tant, perquè no és un amor tan bonic i utòpic, ni travessa fronteres i religions o canvia modes de vida...de l’amor que us vull parlar no en fan gaires cançons ni poemes. És de l’amor real del que tracte el meu escrit.
Amor i real no s’avenen del tot, una cosa és l’amor, sinònim de anar caminant pels núvols i dibuixar un somriure que ens dona un aire ridícul però enganxós a la cara i l’altre és la realitat, allò real, el dia a dia, fotre de morros a terra, per exemple. Però resulta que el concepte que tenim des de ben petits sobre l’amor no hi engloba el terme de real i, curiosament, a mesura que anem avançant dins el propi concepte ens anem adonant de que l’amor és molt real, infinitament real, fastigosament real. I que els contes de fades són bonics i hi tenen amor, però no del real.
Vol dir això que l’amor és fotre de morros a terra?No, clar que no, què també pot ser-ho però no és exactament el què és. Definirem primer amor (real), que seria aquella estimació que es sent cap a un individu (home o dona o tot inclòs) que passa per l’etapa de idealització, avança per l’etapa d’acceptació de “defectes” o presa de realitat i continua amb la construcció d’una casa moblada, buida o la destrucció de la llar. L’amor requereix acceptació, respecte, debat, intimitat i llibertat, situacions novadores i, sobretot, molta creativitat per pal·liar les zones obscures de la relació.
Vol dir això que sí es segueixen minuciosament aquestes instruccions és impossible arribar a la destrucció de la llar o desamor? No, s’hi pot arribar igualment perquè hi ha flames que no s’acaben d’encendre mai, o que no són suficientment fortes o que el vent aconsegueix apagar o que tenen una flama molt més intensa al darrera que tapa la recent.
I, vol dir això què s’ha de seguir apostant per l’amor? Sempre, cada dia, amb força, amb caparrudesa, amb orgull. Hagi passat per sobre una piconadora o la famosa aurora boreal, amb constància, en tot moment, fent-nos pesats, inclòs molt pesats, amb un individu, amb tots els que facin falta, sense descans, amb sang, amb llàgrimes, amb esperança...sobretot amb esperança.
I doncs...per què? Perquè l’amor ens manté vius, actius, amb el cor entretingut, amb motivació i, repeteixo, amb, esperança, sobretot amb esperança. Esperança de que ho aconseguirem encara que haguem de viatjar al Perú, a la Xina o al Senegal. Esperança de que algun dia l’amor ens retornarà i ho veurem tot una mica més clar i, finalment, esperança de que l’amor ens segresti,ens abrasi ben fort i ens digui clarament mirant-nos als ulls:

Aquest cop no et deixaré marxar sense mi. Accepta-ho, amor. 






M.G.F