viernes, 25 de septiembre de 2015

Sin embargos

Las palabras de hoy poco o nada tienen que ver con contar una historia o analizar otra pequeña pieza del corazón. Éste es, quizás, uno de esos relatos que empiezas sin ninguna esperanza de llegar a un puerto, ni tan siquiera de darlo como válido pero que existe un efímero porcentaje de que, al final, no esté tan mal darle una oportunidad de lectura.
La vida se puede resumir en sin embargos.
Hay que matizar, que los malos entendidos empiezan cuando todo se entiende. Hablar de La Vida, en mayúsculas, es hacer un uso a modo genérico del término. La vida es muchas cosas pero aquí solo se pretende tratarla como existir, convivir, estar de paso. Que cada uno escoja su mejor definición, ese no es el punto importante del día.
Decía entonces que la vida es un sin embargo constante, he aquí la punta del iceberg vayamos ahora a indagar qué superficie abarca su base.
El inicio es rápido, ni siquiera nos percatamos de él. Es un inicio sutil, pícaro, un Don Juan español. Empieza cuando nos suena el despertador por la mañana y se acaba cuando lo volvemos a programar por la noche.
06:30h p.m. en los casos más habituales. El sueño aún impregna nuestros ojos y el cerebro sigue haciendo uso de la blasfemia para pedirnos explicaciones de que habrá hecho él para que le interrumpamos el descanso. Allí se inicia todo. Hay que levantarse, es un deber y una responsabilidad ya sea para llegar al trabajo o para no perder la mañana debajo de las sábanas. Y, SIN EMBARGO, chantajearíamos al tiempo si así pudiéramos para convencerle de que nos regalara una, al poder ser dos, horas más de sueño.
Se inicia la rueda, no tiene frenos y somos perfectamente conscientes de ello. Ese punto nos destruye por dentro.
Nos dirigimos hacia el trabajo, a la Universidad, al Instituto, a limpiar la casa, a hacer la compra, al baño y al rebaño. Sí Newton o Marx nos pudieran ver se habrían ahorrado millones de neuronas en teorías infernales de mecánica y sociedad. No hay mejor robot que el propio ser humano, no hay mejor rata de laboratorio que la humanidad. Da Vinci lo supo y no le gustó el resultado, hasta Kurt Cobain dedicó parte de su legado a denunciar tal realidad.
Y SIN EMBARGO, con un pie tras del otro proseguimos él, perfectamente trazado, camino hacia nuestra rutina, nuestro confort, nuestra guarida protectora.
Una vez finalizada esa primera parte viene la segunda, volver a casa o a la biblioteca, incluso al segundo trabajo, da lo mismo. Volvemos dónde sea pero volvemos día tras día. Cuando, SIN EMBARGO gritamos por dentro.
¿Qué gritamos?       
Gritamos que queremos romper la monotonía, irnos a la calle del fondo, esa que siempre queremos ir a ver que hay pero que nunca hay tiempo.
Gritamos que el dinero es una basura, que nos crea dependencia y también la quita. Qué sin él pocas veces puedes dejar los sin embargos y con él aún menos.
Gritamos a alguien que nos enseñe la salida que por aquí no es y que por allí tampoco.
Gritamos que deseamos viajar, salir, empezar de cero, desde abajo del todo, da lo mismo. Res set y cuenta nueva. ¡Al carajo con todo! Aquí os quedáis, yo vivo.
Gritamos, gritamos, gritamos y gritamos tan fuerte que no se nos oye.
¿Por qué?
Porque, SIN EMBARGO, estamos muertos de miedo.
Esa es la clave de todo, la vida se resume en sin embargos porque estamos total y absolutamente asustados. Tenemos miedo a perder, a equivocarnos, a fracasar, a volver y a hablar.
El miedo es el principio y el fin del existir.
Hay que tener miedo para afrontar mejor el porvenir pero no hay que vivir con el miedo puesto, con el miedo controlando cada uno de nuestros movimientos. Impidiendo ir tachando  sin embargos de la lista.
Quién no reta al miedo, quién no le pone a prueba diciéndole: tú eres fuerte pero yo no lucho en esta guerra, búscate a otro adversario. Quien no le rompe los esquemas al miedo se pasa la vida saltando de sin embargo en sin embargo, como si de una partida de La Oca se tratara.   
Tú decides en que silla sentarte. Sí, solo tú, aunque intenten hacerte creer lo contrario.
Tú, tienes el poder. Tú.



Margalida Garí Font


sábado, 19 de septiembre de 2015

Carta de la Sabiduría.

Sé, siente, existe.
Haz limpieza. Todo lo que está fuera del corazón, desterrado.
Quieres, todos queremos, engañar al alma y brindar con el miedo. Alcanzar al cielo, estrecharle la mano y decirle sin tapujos “vaya tralla me has dado y aún no me has vencido”.
Sé todo viento para abrazar con una brisa cálida cuando los cristales penetran hasta romper el verso y desordenar la prosa que nos vendió la vida.
Siente toda el agua que posa en uno, y todos, los océanos como sí de una manta se tratara. Qué el mar hoy está en calma y, sin embargo, la ola quizás nos ahogue mañana.
Existe como si pudieras ser agua, tierra, fuego y aire. Y, si no puedes ser ninguno de ellos hazte el favor de sumergirte en ellos, de bañarte en aguas trasparentes, de descansar sobre un terreno fértil, de calentarte al lado de un hipnotizador fuego y de hinchar los pulmones  con el aire más limpio del planeta. Solo así sentirás que eres y que estás vivo.
Haz limpieza que de corazones rotos y sueños no alcanzados está lleno el cementerio.
Haz limpieza, no porque yo lo diga sino porque ya sabes cómo es vivir acompañado de tantas sobras, de tantas prisas y desamores. Ya sabes cómo es la frustración y el desengaño, la pérdida y la desilusión. Hay tantas promesas que sirven de tan poco…
Haz limpieza, no para impedir su entrada sino para forzar su salida, no para huir de las batallas sino para devolverles la paz. La paz a los pueblos y la paz al alma.
Haz limpieza. Hazla hoy que el corazón no comprende de esperas y la razón es el primer amor con el que cuenta un corazón. Y, ¿qué te voy a explicar que tú ya no sepas de los primeros amores? ¿Acaso tú te olvidaste del tuyo?
Sin embargo, en primer lugar, sé, siente y existe. Lo demás, vendrá acto después, créeme, yo ya he vivido.


Firmado,
La Sabiduría
19.09.15

jueves, 13 de agosto de 2015

Donde todo empieza y acaba.

Todo empieza y acaba en un sumergirse bajo el agua.
Nunca nada había sido tan sencillo.  Primero los pies, después las piernas y la cintura y, finalmente, los brazos, la barbilla y los ojos. El orden puede variar, la quietud no varía.
Allí abajo se encuentra todo un mundo de fantasía de color azul en todas sus tonalidades. Está allí, yo lo he visto.
Un mundo en dónde el cuerpo es ligero y dócil, el corazón se enlentece y el cabello adquiere técnicas de baile desconocidas para el paraíso terrestre del viento. Un mundo de silencio y de despedida a las palabras, ¿Quién desea el habla teniendo paz?, ¿Quién goza pronunciarse en el reino de los corales?, ¿Quién tiene el coraje ahora?, ¿Quién lo tuvo antes?
Todo empieza y acaba en un sumergirse bajo el agua.
El tiempo, ese villano de vidas y también de muertes, se pierde en la corriente del agua y no vuelve. La luz, esa Diosa del día que duerme en la noche, es incapaz de llegar a todas las profundidades marinas. ¿Acaso llega la Diosa a las profundidades del corazón? ¿Acaso tú, tienes el corazón lleno de luz? Afírmalo sí te atreves, se, por una vez, valiente y niega las sombras del alma.
Allí, en el agua, nadando van los sueños y sus dueños, huyendo del miedo pero con miedo, ahogándose en la triste certeza de no haber encarado con firmeza a la vida, de no haberle sido infiel. Nadando van los sueños y sus dueños, siguiendo el flujo del agua y difícilmente, algunos pocos, se empernan en ir, inútilmente, a contracorriente. Aún así, os lo aseguro, les he visto, esos pocos son felices y hasta sonríen entre oleaje y oleaje.
Todo empieza y acaba en un sumergirse bajo el agua.
La rebeldía innata por defecto (o virtud) cobra su forma más espléndida en un mundo de calma y de tempestad. Jamás hay que olvidar que así como el mar nos regala la paz, hay veces que nos muestra la tormenta y otras, incluso, se alía con las nubes y el viento y nos enseña todo su poder.
Comprendemos, entonces, la nada que somos ante la naturaleza, la poca palabra que tenemos para ella. Somos capaces de recortarle los bosques y las montañas, también de ensuciar el aire y el agua pero somos incapaces de domarla y de vivir sin ella. Ella nos crea y nos destruye, nos enseña y nos castiga. Es amor y odio. Y en los retos, ella nos devuelve a cada uno a nuestro sitio con poco más que la humildad y la certeza de que hemos perdido en tozudez pero hemos ganado en humanidad y, por supuesto, en rebeldía.
¿Hay algo más hermoso que la libertad y la rebeldía?  
Esa lección iba yo aprendiendo en el tiempo infinito en que mi cuerpo y mi mente flotaban en el agua. Y ya no había cuerpo, ni mente, ni yo subjetivo, todo era uno y no era nada. Absolutamente nada e indiscutiblemente todo.
Todo empieza y acaba en un sumergirse bajo el agua.
Cuando lo entiendas habrás vivido.



Margalida Garí Font


Déjame vivir
Libre
Pero a mi manera.


Jarabe de Palo.

domingo, 19 de julio de 2015

La Centrifugadora

La comprensió de la centrifugadora no és complicada, no obstant, tampoc és una qüestió senzilla.
En paraules científiques, és tracte d’un voltatge a gran escala amb unes constants de velocitat perfectes dins un espaitemps concret donant com a resultat un valor d’humitat igualable al zero i, per tant, una neteja exhaustiva i, a més, antimicrobiana  del producte que hi ha dintre.
Tot un avanç tecnològic, una relíquia de la sanitat i l’hostaleria que encara avui és d’allò més cotitzat.
En paraules literàries és definiria més com un viatge curt a una quarta dimensió, on els pentinats de boda i els uniformes planxats firmen la seva sentència suïcida davant un jutge que té el format del vent, el caos i el desordre. Un paradís per la bogeria. Una besada d’amor cap al diable.
Passa però, que la centrifugadora no només és un objecte físic i tangible, és també un estat emocional. Una incomprensió de l’ànima que ha passat per mans de múltiples i importants personatges intel·lectuals molt abans, inclús, de que la centrifugadora fos quelcom existent.
La centrifugadora és doncs, l’oracle i el rímel de les parpelles, una enciclopèdia multilingüe i la Teoria Copernicana, el desamor i nedar al mar amb lluna plena, Galileu i Einstein, poder anar aferrats de la mà i el monstre del llegones.
Tot i així, encara queda un altre i darrer tipus de centrifugadora. Una que vol i va més enllà de tota definició anterior. L’anomenarem la Centrifugadora, així, en majúscules.
És tracte d’un esdeveniment habitual dins l’espècie humana però es desconeix a les demés espècies.
La Centrifugadora és despertar-se als matins amb els llavis plens de maduixes dolces demandants de set de més saliva amb sucre.
La Centrifugadora és mirar fixament als ulls i sentir que tot el cos és comença a gronxolar i que el món és torna tan minúscul que només hi ha espai per els ulls que tornen la mirada.  
La Centrifugadora és trobar un laberint dins una abraçada sense sortida d’emergències per on poder fugir de la taquicàrdia cardíaca.
La Centrifugadora és perdre el control de les papallones que, ara ja en massa, s’han posat a ballar dintre de la panxa. És un morir de pessigolles i un viure d’aire perfumat.
La Centrifugadora és el tacte de la pell de gallina quan la roba cau per gravetat i per força constant. És la nuesa amb pintura permanent gravada al cos.
La Centrifugadora és la primera besada immortal a sobre d’un matalàs d’abelles. També les demés besades immortals. La Centrifugadora són totes i cada una de les besades siguin o no immortals.    
La Centrifugadora és la planificació d’un viatge (també de milions de viatges) a la fi del món i fent escala a cada continent, país, regió, ciutat i poble que estigui present al planeta Terra.
La Centrifugadora és voler viure, voler somiar, voler lluitar i, sense voler, estimar.




Margalida Garí Font,

Dóna’m l’amor salvatge que l’amor sense ser salvatge és un amor que ha mort.  

jueves, 11 de junio de 2015

Esas cosas.

Hay palabras, que aún siendo preciosas, acertadas o cruelmente ciertas, se quedan mudas ante historias que tan solo el silencio, la vivencia o la imagen, puede hablar de ellas. Y aún así, se calla.
Todos conocemos textos asombrosos, relatos que nos ponen la piel de gallina o los pelos de punta. Algunos son grandes relatos literarios y otros son complejas enciclopedias de astrofísica. Es absolutamente indiferente de qué tipo de vocablos se trate, cada persona es un profundo agujero de peculiaridad y quién se asombra con una letra de la canción del artista de moda no tiene el porqué asombrarse con el poema más brillante de John Donne. Y no por ello uno es menos profundo que el otro. Sí que hay uno más intelectual y uno que lo es menos pero la profundidad depende de los ojos que leen.    
Sin embargo, existen esas, llamémoslas “cosas”, imposibles de describir. Esas que nos convierten en seres capaces de todo, de llegar a una meta, de bailar encima de la barra de un bar o de caminar durante días entre calor y montañas. Esas “cosas” que algunos llaman erróneamente mariposas, otros magia y hasta hay quién se atrevió con la etiqueta de amor. Amor a la vida, a las personas, o a las mismas “cosas”.
Ninguna palabra cierta.
Las palabras se acercan a los corazones, las imágenes enseñan los circuitos, los actos los recrean pero no existe nada, absolutamente nada, que consiga darles nombre. Ni siquiera tienen cabida en ese extraño salón de actos llamado emociones que todos conocemos por pasarnos de vez en cuando de visita cultural.
Y es que resulta, que hay “cosas” que se nos escapan. Infinitas “cosas”. Eso es, para mí, el arte, la humanidad o la felicidad. “Cosas” que se nos escapan de las manos y de las mentes. “Cosas” inimaginables, inalcanzables, impenetrables.
Comenzaba yo diciendo, que las palabras también se quedan mudas y las imágenes ciegas. Esta es, sin duda, la misión del corazón.



Margalida Garí Font,

Entender el alma es silenciar al miedo. 

lunes, 8 de junio de 2015

Quan parlis amb la Vida

Quan parlis amb la Vida digues-li que jo també em vaig equivocar, que el nostre amor va traspassar fronteres i, fins i tot, va arribar a tocar el cel.
Quan parlis amb la Vida, deixa-li clar que no fou culpa seva, que em vaig embogir de tant de viure i que la vaig acabar exprimint massa perquè al final, la Mort m’ha vingut a buscar i jo em trobo amb la boca seca. Una boca tan seca d’haver-me begut tota la vida d’un glop que ara em sento deshidratada de vida.  
Quan parlis amb la Vida no li menteixis, no li diguis el que et vaig dir del paradís. Digues-li que a les seves faldes una ja hi està al paradís. Digues-li que aquestes coses sempre costen d’acceptar. Acceptar que la vida és el paradís és un tracte arriscat però d’obligat requisit.
Quan parlis amb la Vida pensa a donar-li el meu regal, aquell que vaig deixar per escrit al meu testament. Sobretot, no t’oblidis de donar-li el meu regal què és important pels que, potser ara, encara cerquen el paradís a un lloc lluny i inexistent d’un món invisible.
Quan parlis amb la Vida, recorda-li que es llevi d’una vegada la mania de deixar el telèfon despenjat, que sempre que la truco em surt el contestador i que aquesta no ha estat mai una manera seriosa de cuidar els seus fills. Millor dit, digues-li que es tregui el telèfon del cap i que faci visites domiciliàries a diari!Què això d’ estar-se a les seves faldes, tot i ser el paradís, és molt complicat sense tenir una mare de guia turística. Sí, digues-li que ja ho sé que no ho és ella una guia. Sí, també digues-li que tampoc és un museu de visites. Però que així i tot ens deu un assessorament continuat. Per què? Perquè sinó la Mort ens ve a cercar tota presumida i ens troba ben despentinats! Com espera que la Mort ens agafi amb serietat si ni tan sols portem el cabell en ordre?
Quan parlis amb la Vida, a més de parlar, dóna-li una abraçada, que la pobra només rep cartes de reclamacions i està una mica desbordada. Sospito que per això ja ha agafat el costum de despenjar el telèfon (digues-li un altre cop lo de la visita domiciliària obligatòria).
Quan parlis amb la Vida, a més de tot això anterior, acaba la conversa donant-li les gràcies. Ella sabrà el per què. Digues-li que, de moment, m’abstindré de agrair res de res a la Mort, perquè és desconeguda, encara avui, però que a ella sí que li ho vull dir. Pensa a emfatitzar les gràcies!
No, millor dit, quan parlis amb la Vida, no li diguis res de res, ni el que acabo de dir-te. Imagino que ja ho sap tot, però quan parlis amb la Vida, no la deixis marxar sense haver-li dóna’t les gràcies. Sí, aquesta és l’única cosa que li has de dir a la vida: Gràcies.
Perquè la Vida ja ho entendrà.



Margalida 

jueves, 4 de junio de 2015

La mujer del pasillo

La mujer del pasillo es transparente y eso la hace sentir más poderosa, aunque jamás nos lo diría. Es una mujer silenciosa, pero te advierte de su presencia cuando es necesario que suele coincidir con el momento que menos la quieres escuchar.
La mujer del pasillo es astuta, te indaga por dentro y te despierta hasta el alma. Te enturbia la mente y rebusca en tu piel cualquier indicio de haber pasado la tarde en el cajón de las mariposas. Resuelve juegos de palabras y recita, después, todas aquellas frases que ibas tú despinzando antes de pasar por el pasillo. Es, por decir algo, una mujer caprichosa, tortura a sus pasajeros hasta que encuentra lo que quería sin importarle las consecuencias o los rugidos del león que tiene encarcelado en la habitación del fondo, la última a la que da el pasillo.
La historia del león es quizás, ahora, complicada de explicar. Para hacerlo simple, toda mujer guarda en su corazón a una bestia que va domesticando y liberando al largo de toda su vida. Cuando el corazón de la mujer es demasiado salvaje la bestia no puede descansar y se pasa las horas en estado de huída permanente.
Dicen las malas lenguas que a la mujer del pasillo se le enfermó el león de su corazón y estaba tan triste y desesperada para sanarlo que pactó con un mago un deseo: le devolvería la salud al león a cambio de que ella fuera invisible. Y desde entonces la mujer del pasillo es famosa por hacer sentir su presencia pero por no ser al ojo humano y el león, que solo ella puede domar, se halla preso en la última habitación de un pasillo sombrío, rugiendo con toda su fuerza para que su ama le de la libertad a pesar de que eso implique que él enferme de nuevo ya que el mago jugó muy bien sus cartas y le puso de condición a la mujer que el león estaría sano pero que jamás podría volverla ver a ella aún cuando la transparencia fuera su mayor identidad.
La mujer del pasillo quiere tanto a su león que es incapaz de verle débil, muriéndose cada día un poco. Por eso se pasa el tiempo buscando en el interior de aquellos que pasan por el pasillo. A veces lo hace para no escuchar los rugidos del león, otras para despertar a otros leones que llevan demasiado tiempo dormidos. A veces, también despierta corazones.
La mujer del pasillo se siente muy sola, sabe que la pueden notar muchas personas pero el no poder hablar ni siquiera un poco la empequeñece cada noche y cada día. Gracias a ella, muchos amores se han vuelto fuego y muchos otros cenizas. Ella es la responsable del cambio de color de las paredes, del cerrojo de tres llaves de la última puerta, del casamiento del ratoncito Pérez, de la canción final del funeral de Camarón, del despacho en el agujero cinco de las ratas del centro, del primer perfume de Chanel, de las vistas a Róterdam, del café con chocolate y de los besos de amor. De todo ello se enorgullece y lo recuerda, presumida, con su mejor vestido (a veces pantalón, dependiendo del grado de rebeldía) todos los lunes a primera hora. Sí, la mujer del pasillo odia los fines de semana porque muy pocos van a verla, así que decidió proclamar al lunes domingo y al domingo fallecido.
La mujer del pasillo es exigente, te pide lo mejor de ti o, tal vez, lo más importante, sin pedirte permiso. Después uno/a se encuentra con la obligación de sobrevivir. Se sabe de un hombre que aún anda intentando recordar el último verso de un poema precioso, o casi precioso porque se ha quedado sin cierre. También se habló mucho tiempo de una chica que de tanto que la mujer del pasillo la mareó que se le mareó hasta el corazón.
La mujer del pasillo es inspiradora, con ella se han formado los mejores músicos y pintores (excepto los que pintaron el pasillo de negro). También han salido de ella grandes arquitectos y profesores, amantes de la vida y los “Don nadie”, entre infinitos otros.
La mujer del pasillo es salvaje, por eso, aparte de por el trato con el mago,  su león está encarcelado, porque su esencia cabalga por todos los rincones del planeta. Y de los planetas. Y una mujer demasiado salvaje acaba acompañada por la Soledad aún cuando muchos quieran acompañarla. Aún cuando ella quiere que la acompañe uno solo.
La mujer del pasillo dice que cuando reviente por dentro le abrirá la puerta al león y que vivos o muertos se volverán inalcanzables. Que solo espera el momento, que aun debe marear muchos andares y callar muchos verbos.
La mujer del pasillo es una heroína, una alcahueta, una amante y una amiga pero la mujer del pasillo se pasa la vida escuchando los rugidos de clemencia de su león y esa es una gran penitencia porque por rodar esas llaves y darle la libertad le regalará, también, la muerte.
La mujer del pasillo es tan compleja que nadie la comprende. Ni ella misma parece entenderse. Sin embargo, si hay algo que sin duda es la mujer del pasillo y que es a la vez veneno y antídoto es que ella es invisible y eso lo cambia siempre todo.
La mujer del pasillo es, ante todo, invisible.  



Margalida Garí Font,

Porque todas tenemos un león que, encarcelado o no, nos ruge por dentro. 

lunes, 1 de junio de 2015

La duda de una dama

Pero la duda, caballeros, llega cuando una dama se siente vacía. Como ustedes comprenderán, dicho sentimiento no la complace, es más, la destruye, cada día, un poco más por dentro y por fuera.
Señores, la duda llega cuando el amor no basta, cuando un invierno, sucede, que tienes calor o que te cala el frío en verano.
La duda pasa cuando a las preguntas se les olvida atarse los cordones de las respuestas, cuando en el desván solo quedan vestidos de fiesta sin estrenar y cenas románticas sin abrir. La duda es pintarse las uñas de verde esmeralda o de rojo pasión, atarse el cabello o liberarlo, dar un beso o un adiós, gritar o callarse, mirar o pasar de largo, Segovia o León, caerse o estarse quieta. La duda es levantarse sin herirse.  

La duda, caballeros, es cuando una dama se marea porque entonces ocurre que se le marea también el corazón. Y un corazón dando tumbos, señores, puede pasarse toda una eternidad buscando el infinito. El infinito y más allá. 




Margalida Garí Font

sábado, 30 de mayo de 2015

Móns

Sí, també ara, a aquest precís instant que tu llegeixes unes paraules que, en principi, ni et venen ni et van, és quan la Sarajai està cansada de retirar-se la suor de la cara. El vestit més bonic que posseïa i havia decidit posar-se per impressionar a la Ministre de Sanitat  ja està tot moll i brut del desert. Els peus fa estona que li fan molt mal i no para de repetir-se per ella mateixa “una passa més, una més que això és important”, tot seguit d’un  “Sarajai maca, que si no hi vas tu no hi anirà ningú, que aquest cop sí t’escoltaran i ajudaran al teu poble. Aquest cop sí és el cop”. Des de lluny es pot veure la mirada perduda de la Sarajai caminant pel desert a la recerca d’una humanitat que ni els seus patriotes semblen recordar.
Ara, mentre tu et beus aquest cafè amb llet tan calentet i aromàtic és quan l’Ahmed ja ha crescut uns quants anys més i encara que segueixi essent un nen petit la seva alçada no acaba de assolir la talla ideal. El pes fa massa temps que també li va fer la ginya. L’Ahmed, per tant, és un xaval senzill. La seva mirada no veu la diferència perquè ell sempre ha conegut aquesta realitat. Però quan es compara amb els estrangers que, amb tota la bona voluntat del món, van al Camp de Refugiats a ajudar de la manera que sigui, ell no pot evitar de preguntar-se el per què aquella gent els porta tantes coses sí, al final, també marxa. Es senten bé fent això i té molt mèrit sens dubte. Però, l’Ahmed està cansat de veure com se’n van. “Què no els deu agradar la nostra llar?”- Es pregunta.
Al mateix temps que tu et disposes a sopar o a dinar, la Angelita que ara ja té 70 anys torna a fer comptes de la poca ferralla que li sobra per poder anar a la botiga. Aquesta setmana no tornaran a menjar carn. Patates sí, peix tampoc. Els seus fills encara no han tornat de treballar, avui també tindran el plat fred. Han de treballar tant que just poden menjar un plat al dia. Tampoc poden permetre’s menjar-ne dos. I, a canvi de què? El sou que reben és miserable, l’Angelita ho sap però no pot obligar-los a que no hi vagin perquè després ben de cert que tots moririen de fam. L’Angelita mira la seva neta petita que s’ha quedat adormida. I, amb la mirada plena de llàgrimes, l’Angelita pensa que, tanta sort, que ella encara és viva tot i que sigui vella i sort també de que té l’estómac petit perquè així pot menjar mitja patata i que la seva preciosa neta pugui tenir-ne una mica més no fos cosa se li esborrés aquest somriure gegant que, a pesar de tot, porta cada dia a la cara.
Ara, aquí, en aquest moment, segueixen girant i girant móns molt diferents però que a l’hora són fruit d’una mateixa realitat. Realitat més que coneguda. Més que explicada. Milers de voluntaris hi lluiten cada dia. Milers de natius hi moren per la causa. Molts altres es queden sense feina per denunciar-ho. Infermers, metges, pintors i personatges de circ. És igual el que siguis, tot és poc.
Però, ara i aquí, segueixen existint massa veus que no es poden escoltar. Massa silencis que només pensen en parlar. No obstant, els móns no paren de girar, i un dia, sense cap motiu concret, la força centrípeta causarà que girin en sentit contrari, o que xoquin uns amb altres i serà llavors quan el Nord serà el Sud i el Sud serà el Nord i tu deixaràs de beure cafè amb llet calent, i no tindràs un plat sobre la taula i hauràs de anar a treballar tantes hores que el sol deixarà de existir i hauràs de recórrer tants de cops els deserts immensos que t’arribaràs a treure les sabates per poder caminar.
I llavors espero, de veritat que ho desitjo, que els qui habitin a l’altre cara del paradís tinguin el coratge i la força per retornar-te a la vida, així com tu ho fas per ells ara, però, al revés.  




Margalida Garí Font 

viernes, 22 de mayo de 2015

La deuda

Resulta que las amapolas no siempre son rojas, pero aún sin ser del color del carmín siguen anunciando que empieza la primavera. Y a la primavera hay que recibirla con alegría y desparpajo.
Sucede que, a veces, no hay ni amapolas ni margaritas en el camino y entonces hay que sonreír porque sí hay piedras y algún que otro olivo que nos presenta el trayecto hacia un lugar desconocido. Un nuevo sitio que explorar. Una aventura por abrir. Un abanico de curiosidad.
Al despertar por las mañanas ya se nos abre ante nosotros el cajón de las elecciones. Podemos elegir si ponernos una falda o un pantalón, la corbata o la camiseta informal, desayunar café o té, fruta o tostadas, decir buenos días o esconder la cabeza dentro del televisor, deprisa o despacio, la sonrisa o el fruncir de cejas, la queja o la ilusión, ayer o ahora, mañana o ahora, ahora o ahora.   
Tenemos tantas cosas que poder elegir que empezamos a usar siempre las mismas porque se nos hace más cómodo. Porque a la fruta hay que limpiarla y pelarla y a los cereales solo hay que meterlos en la taza. Porque decir buenos días implica quedarse a escuchar la respuesta y no decir nada es no escuchar nada. Porque la sonrisa se nos cuelga del revés con el sueño y el fruncir de cejas es un lenguaje universal.
Y sin darnos cuenta, van pasando los días y con ellos los sueños, y deja de tener sentido el tiempo porque la vida se vuelve monotonía y canon social. A la muerte ya ni la vemos, llegará en otro día, con otras faldas. Y perdemos la risa y nos tapamos con miedo. Refugiamos el alma y callamos las voces que gritan por dentro.
Sin embargo, en alguna de las muchas primaveras, nos percatamos del cielo. Y se abre un espejo repleto de pequeñas porciones de cristal que nos muestran el corazón desde adentro.
Nos revelan el secreto con el que ya no creemos, nos piden intensamente que perdamos el miedo. Que emprendamos el vuelo, que persigamos al sueño y desanclemos la barquita de pescadores del puerto, que ya lleva muchas algas, que se ha cansado de flotar al suelo.
Es cuando tenemos constancia de que existe la muerte que empezamos a saborear a la vida. Porque a la vida hay que dejarla bien exprimida, completamente vacía. Tenemos que quedarnos saciados de comer vida. Tan saciados, que no nos quede sitio para el postre, que con la vida ya nos quedemos llenos.
Y no hay que confundirse, lo importante no es la cantidad de años que paseemos entre una amapola y otra, sino que cada paso nos sorprenda. Un día sin haber aprendido algo nuevo es un día perdido, una vida sin haber arriesgado todo a cambio de la incertidumbre es una vida desperdiciada. No hay que confundirse, lo importante no son los años sino el aquí y el ahora, el dejarse llevar y el escucharse el alma.
¿Por qué?
Porque se lo debemos.
Se lo debemos a todos aquellos que, sin pensarlo, no tuvieron vuelo de vuelta.
Se lo debemos a quienes no fueron libres para elegir el café ni las primaveras.
Se lo debemos a los que perdieron la batalla del miedo. También a los que la ganaron.
Se lo debemos a nuestra madre Tierra que nos hace el favor de compartir su inmensidad y belleza aún cuando nosotros nos empernamos en dañarla.
Se lo debemos a quiénes creyeron en nuestros proyectos. A quienes soñaron con nosotros los sueños. A los duendes del bosque y a las hadas madrina.
Se lo debemos a quiénes nos llamaron locos, a los que aún nos llaman locos y a los que mañana nos llamarán locos. También locos de atar.
Se lo debemos a nuestro corazón que se desvía de rumbo más de una vez y después somos náufragos en el mar y nadadores expertos. Se lo debemos a nuestro corazón porque aún cuando nos hunde se es fiel a sí mismo. Sin trabas. Sin sueño.
Se lo debemos a la vida.
Sobre todas las cosas,
¡Se lo debemos a la vida!




Margalida Garí Font